Lo que de verdad se aprende con el método Montessori

Como ya sabéis, a Valentina le preparamos una habitación adaptada tipo «aula Montessori» no hace mucho (podéis verla aquí). Por supuesto, no es un aula Montessori 100%, pues ni tenemos las instalaciones ni los medios ni los conocimientos. Pero se basa en este tipo de pedagogía porque es una metodología que tanto a mi marinovio como a mí nos gusta bastante.

Tenemos materiales Montessori, Waldorf, chinorris y DIY. Cuando muestro a Valentina alguno de los materiales, procuro hacerlo con una presentación típica de las que se hacen en esta metodología. Una veces con más éxito que otras 😉 Pero lo que de verdad estoy aprendiendo con esto es lo que realmente enseña el método Montessori.

Cuando haces una presentación de un material directamente le enseñas al niño a usar ese material y los objetivos que tiene. Por ejemplo, si le enseñas a hacer un trasvase, pues le estás enseñando motricidad fina, concentración… Si le enseñas la torre rosa le estás enseñando las diferencias de peso y volumen de cada cubo… Pero hay algo que de manera indirecta le estás enseñando al niño y que es casi que más importante que todos esos conceptos. Al hacer la presentación, el niño debe esperar a que se haga la presentación de principio a fin, con lo que aprende a ser paciente. Le muestras los materiales con lentitud y cuidado, con lo que aprende a respetarlos. Le muestras cómo cogerlos de su sitio al inicio y volver a ponerlos al final, con lo que le enseñas orden. Le enseñas en silencio, solo con gestos, con lo que le enseñas a hacerse entender incluso sin hablar el mismo idioma. Le dejas tiempo para explorar el material, para tocarlo a su gusto y el tiempo que necesite, con lo que le estás enseñando concentración. Todas estas pequeñas enseñanzas indirectas las interiorizan los niños y, sin darte cuenta, acaban aplicándolas a todos los ámbitos de la vida.

Yo me he dado cuenta con el cambio que ha sufrido Valentina en apenas unas semanas con ese pequeña aula que hemos montado en casa. A los pocos días de empezar a usarla, Valentina empezó a devolver algunos materiales a sus baldas. Ya os he comentado en más de una ocasión que a Valentina le cuesta mucho el tema de recoger materiales o juguetes y, aunque sabemos que es pequeña y nunca la obligamos a hacerlo, sí procuramos que lo vea siempre como una rutina más. No es que en estas semanas Valentina sea ya una niña 100% ordenada, ni mucho menos, pero empieza a hacer sus pinitos.

La paciencia es un cambio que se le nota muchísimo a Valentina. A pesar de que soy consciente de que no hago presentaciones 100% Montessori, entre otras cosas porque no soy ninguna profesional del método, procuro siempre que ella espere a ver la presentación. Y eso me he dado cuenta de que, por ejemplo, cuando cocinamos juntas, ella espera a que estén los alimentos ya cortados del todo antes de cogerlos y meterlos en la olla. Y no se desespera mientras los corto, o si los lavo yo.

La concentración es una de las primeras cosas que empezamos a interiorizar con Valentina, pues yo diría que es prácticamente lo primero que le puedes enseñar desde que es un bebé. Si se quedaba absorta viendo un rayo de luz, o cómo se movía un objeto, la dejábamos tranquila sin interrumpirla ni decirle nada en absoluto. Y eso, con el tiempo, marca mucho la diferencia.

Por supuesto, aún nos queda un muy largo camino de aprendizajes y ensayo-error, más a nosotros como adultos que a ella. Además, con nuestra vida más enfocada al unschooling, no todos los días pasamos por el aula. No seguimos una rutina u horarios estrictos al respecto. Unos días pasamos un rato en esa habitación. Otros nos vamos al mercado a hacer la compra. Otros al parque. Otros a hacer recados al centro. No hay dos días iguales. Pero siempre siempre hay aprendizaje. Es extraordinario ver cómo vamos a la Plaza de Abastos a comprar la fruta y mete las piezas en bolsas, contándolas de una en una. O cómo sabe que hay que dar unas cosas que se llaman monedas para poder llevarnos la comida. O cómo, por ejemplo, el otro día comiendo en el restaurante chino, quería helado de postre y sabía que tenía que pedírselo a un hombre que se paseaba mucho entre las mesas (el camarero). Sabe perfectamente que con el semáforo en rojo no se cruza y con el verde sí (por supuesto, todavía no cruza sola jeje), y que en sitios próximos a la carretera hay que ir de la mano y en sitios más alejados puede ir sola. Da las gracias cuando le das algo sin haberle dicho nosotros nunca eso de «¿qué se dice?» sino simplemente viéndolo cómo lo decimos nosotros…

Los niños de estas edades avanzan rapidísimo y absorben todo lo que les rodea, lo bueno y lo no tan bueno. Por un lado, nos encanta verla crecer y pasar de ser un bebé a ser ya casi una niña. Pero por otro, es que no nos da tiempo a asumirlo. Hace cuatro días que nos daba la primera sorpresa llegando al mundo un mes antes de tiempo, y ahora nos sorprende cada día con sus expresiones, las explicaciones que nos da de todo, lo autónoma que empieza a ser… No hay día que no me acuerde de una de las mejores frases que yo he oído sobre la crianza, dicha por Bei del blog Tigriteando:

«Los días son largos. Los años muy cortos»

Qué espero de una pedagogía activa

Recientemente fuimos a visitar un colegio Montessori con el objetivo de adquirir más información sobre cómo son las instalaciones de un colegio de este tipo y sobre cómo se trabaja en él, para que a través de la asociación en la que participo, Crespillos para la paz, tengamos más conocimiento sobre este tipo de metodología.

Sin embargo, nos llevamos una gran desilusión, no por el colegio en sí, que como instalaciones está bastante bien, sino por cómo nos trató la guía que nos hizo la visita guiada.

Tras hacernos unos 150km para ir a verlo, y debido a que tuvimos algunos problemas durante el camino (algún mareo, madrugón de Valentina y respectivo enfado…) llegamos unos 20′ tarde. No obstante, sólo nos perdimos una pequeña charla introductoria sobre la metodología y al poco de llegar comenzamos la visita por las instalaciones. Se trata de una casa grande adaptada a las necesidades de los niños, con tres aulas por tramo de edad: Comunidad Infantil (18 meses a 3 años), Casa de Niños (3 a 6 años) y Talleres (6 a 12 años) (ya no recuerdo si era hasta los 9 o hasta los 12 años…). Alrededor de toda la casa se encontraba la zona de juego al aire libre, también separada por edades. Como todo colegio Montessori, las aulas estaban perfectamente adaptadas a las edades de los niños, aunque la verdad es que nos dio la sensación de estar algo saturadas de materiales.

Hasta ahí todo bien, típico de un colegio Montessori. Sin embargo, durante la visita hicimos una sola pregunta: «¿Cómo enfocáis el tema de que sean los propios niños los que recojan los materiales que han usado?». Una única pregunta que ya nos hizo confirmar que, aunque tuviéramos la posibilidad económica y de distancia de llevar a nuestra hija a ese colegio, nunca la llevaríamos. Ciertamente, la pregunta la hicimos porque ahora mismo es lo que más nos cuesta con Valentina, el tema de recoger materiales y juguetes. Esperando una respuesta enfocada hacia el respeto a los niños, la guía nos contestó, palabras textuales: «Pues mira bonita, eso se consigue a través de un Máster de 2 años como el que yo he hecho, en el que se produce un cambio importante interior nuestro».

La verdad es que no sé si lo que más me molestó fue lo de «mira bonita» o lo de que «solo se consigue con un Máster de 2 años». Si a eso le añadimos que, mientras veíamos el aula de primaria Valentina tocó la esfera de los sólidos geométricos y se le cayó al suelo, con la respectiva reprimenda de «Por favor, aquí sí que os pido que los niños no toquen los materiales porque igual sólo esa esfera vale 80€», y de que, al finalizar la visita le pedimos poder entrar de nuevo a algún aula para cambiarle el pañal y nos dijo que «no, tenéis que esperar a entrar con el siguiente grupo para volver a realizar la visita desde cero», pues… Sinceramente, vimos mucho material Montessori pero poca pedagogía Montessori.

Cuando nosotros hablamos de pedagogías activas, incluida Montessori, lo que esperamos de ellas es que se trate a los niños con total respeto e individualidad con la que se podría tratar a un adulto. Un niño, de cualquier edad, es un individuo único al que hay que tratar con respeto y la empatía con la que normalmente tratamos a los adultos. Si no le gritas a un adulto, por respeto, ¿por qué gritarle a un niño? Si no tratas que un adulto haga algo que quieres a base de meterle miedo, ¿por qué educar a un niño a través del miedo? Si no crees que haya ningún ser humano por encima de otro, ¿por qué imponer la figura del maestro como una figura autoritaria a la que no se le debe rechistar nada? Si un adulto va al servicio cuando siente la necesidad de ir, ¿por qué hacemos que un niño deba aguantar esa necesidad hasta la hora del recreo? Estas y otras muchas cosas son las que nosotros esperamos de una pedagogía activa. Y, a pesar de la «etiqueta» de este colegio, Montessori, no vimos esa actitud en la persona que nos lo mostró. Si a nosotros, como adultos, nos dio esas contestaciones, ¿qué pasará cuando algún niño de los que estén a su cargo no quiera recoger materiales, o tenga alguna rabieta?

Una pedagogía activa no se hace, se siente. Debe partir de un profundo cambio interior que no te lo va a dar ningún Máster de 2 años, sino de una transformación personal que te haga ver a los niños como lo que son, seres humanos, no como seres inferiores. No importa si eres educador de un colegio público o privado, si tienes materiales de 80€o de los chinos. Eso, al final, solo es juego bonito. Lo fundamental está en la manera de tratar a los niños, de verlos y de sentirlos.

Charla y taller Yvonne Laborda – Elche (Enero 2017)

Hoy quiero hablaros de una mujer que prácticamente acabo de conocer pero que me ha tocado el corazoncito en apenas unas horas con ella: Yvonne Laborda. Yvonne es terapeuta Humanista-Holista y asesora en Crianza Consciente. Además, tiene tres hijos que nunca han estado escolarizados y que aprenden mediante Unschooling. Yo, personalmente, no la conocía mucho pero una amiga me comentó que iba a dar una charla gratuita y unos talleres presenciales este pasado fin de semana en Elche, y que seguro me iban a gustar muchísimo. Y acertó 😀 (gracias Eva)

Durante el fin de semana había varios talleres pero yo concretamente asistí a una charla debate gratuita organizada por el AMPA del CEIP Princesa de Asturias, titulada «Educación consciente: dando voz a los niños» y a un taller vivencial el domingo llamado «La niña que fui, la madre que devengo».

Sobre el taller vivencial no os voy a contar demasiado. Fue algo muy profundo y muy muy personal y que por supuesto recomiendo 100%. Digamos que fue como una terapia de grupo en la que se nos removió a todos el alma y que creo que es muy necesario para mucha gente, más de la que pensamos. Si tenéis alguna vez la oportunidad de ir, no lo dudéis.

La charla fue algo más dinámica, más impersonal. Aun así, hubo más de una lágrima pero muy sanadora 🙂 Lo que hace Yvonne es mayoritariamente dar voz a los niños, que se les escuche y se les respete. Los niños son unos expertos en inteligencia emocional. Todo lo que hacen lo sienten y lo expresan. Sin embargo, somos precisamente los adultos los que «suspendemos» en este tipo de educación emocional. Y, lo que es peor, es que los adultos somos los que intentamos controlar esas emociones de los niños, reprimirlas, solo por el hecho de no descontrolar nuestras propias emociones.

Yvonne ponía como ejemplo su hijo, que juega al ajedrez pero que no puede jugar sentado, está siempre en continuo movimiento. Y ella no puede concentrarse para jugar con él. Pero en vez de reprimirle y decirle continuamente «siéntate, no ves que así no puedo?!?!?!» ella respeta esa forma de ser, que es perfectamente legítima y que el niño no es el que tiene el problema, sino ella que necesita más calma para concentrarse. Y en lugar de reprimir al niño, ella opta por irse un momento a la cocina, prepararse una infusión, tomársela y calmarse, y después seguir jugando con su hijo al ajedrez. ¿Cuántos de nosotros hemos tenido una situación parecida? Niños que no paran de moverse, de hablar, de expresarse de mil maneras… y que nosotros como adultos reprimimos e intentamos controlar para que no nos descontrolen. Cuando realmente el problema no es del niño, sino de nosotros mismos.

Cuando se opta por otro tipo de educación, ya no solo a nivel académico sino en casa también, como la que nosotros hemos optado, a veces (demasiadas veces) te sientes sola. No todo el mundo lo entiende y no todo el mundo lo respeta. Y dudas. Dudas mucho. Una de las cosas que comentó Yvonne es precisamente eso, la soledad con la que se empieza en este mundo y que ninguna madre y que ningún padre deberían estar solos. Por ello la importancia de las tribus de madres: grupos de madres (o padres) que comparten esas mismas inquietudes y que se juntan para apoyarse mutuamente, para animarse, darse consejos (sin ser juzgados continuamente). Cuando empezamos a conocer a más gente en Lorca interesada por una educación alternativa fue como un alivio, un «uffff pues no soy tan rara» XD Ahora hemos formado una «tribu» también muy interesante, muy querida y muy muy necesaria.

Yvonne habla de los 4 pilares fundamentales que un niño todos necesitamos:

  • 1. Presencia: un niño necesita la presencia de sus padres constantemente. Es esencial que estemos con ellos. Somos LO MÁS IMPORTANTE para ellos.
  • 2. Validar lo que se quiere, lo que se siente. Todos los sentimientos, todas las emociones son legítimas. No hay emociones malas ni buenas sino necesarias en ese preciso instante.
  • 3. Nombrar la verdad, darle nombre a los sentimientos y emociones. No vale ocultar la tristeza diciendo un «no me pasa nada» o un «se me ha metido algo en el ojo». No. Tenemos que ponerle nombre y decirle a nuestros hijos la verdad: estoy triste (o enfadada, o contenta, o rabiosa…) por esto o por lo otro.
  • 4. Conexión emocional. Hay que hacer un ejercicio de empatía para entender por qué el niño siente eso en ese preciso instante, y entenderle, comprenderle y acompañarle en ese sentimiento.

Con estos cuatro pilares lo que estamos dando a nuestros hijos es AMOR INCONDICIONAL, hacemos de la crianza una crianza consciente y educamos a nuestros hijos como adultos respetuosos y empáticos con los demás. Recuerdo una chica que le preguntó a Yvonne que le daba miedo criar a su hija «demasiado blanda» e Yvonne le contestó que nadie va a terapia ni necesita ayuda profesional por recibir demasiado amor. Y cuánta razón lleva. Nos hacen creer que a los niños hay que limitarles, anularles. Y eso tiene como consecuencia una generación de adultos que necesita el mayor número de ansiolíticos recetados en toda la historia de la medicina.

Durante la charla también surgió uno de los problemas a los que nos enfrentamos, en la fase inicial principalmente, todos los que decidimos educar a nuestros hijos de una manera distinta, más respetuosa: el tener que estar continuamente justificándonos con todo el mundo sobre el por qué hacemos esto o dejamos de hacer aquello. Yvonne, que por supuesto también ha pasado por esos momentos, llegó al punto de darse cuenta de que cuanto más se justificaba con el resto de personas, más poder le daba a esas personas para criticar o cuestionar su manera de hacer las cosas. Pero realmente lo que debemos darnos cuenta es de por qué esas personas nos cuestionan. Hay que validar a ese adulto que no conoce o no entiende que haya otras formas igualmente válidas a las suyas, y ponernos en su piel. Y llegará un momento en el que, cuando los hayamos comprendido, ellos mismos dejarán de cuestionarnos. Me gustó mucho esa forma de ver las cosas. Nosotros estamos ahora en esa fase y creo que debemos relajarnos un poco más en ese sentido y entender que no todo el mundo tiene la capacidad de abrir su mente a otras alternativas.

Como veis fue un debate muy muy interesante. Se trataron temas muy personales y otros muy generales sobre crianza consciente y educación emocional. Y después de tres horas de charla y echarnos literalmente de la sala donde se celebraba, me encantó una última frase que dijo Yvonne:

Y ahora, paséatelo por el cuerpo

Nuestra aula Montessori

En casa hemos hecho muchos cambios desde que llegó Valentina. Antes de que naciera le preparamos una habitación para ella, con idea de que más pronto que tarde durmiera allí. Pero como ya sabéis, Valentina duerme con nosotros y así seguirá siendo hasta que ella decida dormir en su propio cuarto.

De modo que lo que iba a ser su cuarto se ha convertido en una habitación de juego simbólico. Allí hemos puesto su cocinita, su casa de muñecas, un armario a su altura para que sea ella quien decida qué ponerse…

Sin embargo, el principal cambio en casa ha sido el despacho. Teníamos otro dormitorio destinado a un pequeño despacho donde yo estudiaba, acumulábamos papeles, teníamos el ordenador… Pero con el tiempo dejó de usarse, y más sobre todo a raíz del nacimiento de la pequeña. Éste era el despacho:

Dado el poco uso que le dábamos y que queremos educar en casa a Valentina, al menos hasta los 6 años, decidimos destinar ese espacio a acondicionarlo a tener una especie de «aula Montessori» para tener organizados todos sus materiales y disponer de un dormitorio totalmente adaptado a sus necesidades.

Aunque todavía faltan algunas cosas, y nos queda mucho por aprender en cuanto a materiales y organización de los mismos se refiere, tras unas pequeñas reformas…

…nos ha quedado un aula así:

En la pared de la ventana hemos puesto:

  • La mesa de luz hecha con una mesa Latt de Ikea, luces led de Amazon y metacrilato de Rotulneon.
  • Una estantería Besta de Ikea con:
    • A la izquierda, todo el material de la mesa de luz que tenemos actualmente.
    • A la derecha, zona artística y de música.

  • En la pared contigua dos estanterías Besta de Ikea con, de izquierda a derecha:
    • Puzzles y encajables
    • Material sensorial: laberinto de cuentas, sólidos geométricos de AliExpress, juego de martillo, cilindros de botón de AliExpress, figuras para enhebrar, bandeja con cubo encajable, copa con esfera y copa con ovoide, y tablillas liso-rugoso DIY.

  • Material de matemáticas. Valentina empieza a interesarse por los números (de hecho, ayer contó en spanglish hasta 14). Para trabajar con ello tenemos un ábaco y una bandeja con husos de AliExpress.
  • Material de vida práctica: bandeja para trasvases de sólidos (actualmente con judias), bandeja con tres botes distintos con sus correspondientes corchos para cerrarlos y bandeja para trasvases de líquidos con dos jarritas de cristal de distinto tamaño (y otra mini bandeja con un paño para recoger los accidentes).
  • Material de lenguaje: cesta con fotos de animales para emparejar con sus correspondientes miniaturas (de Safari Ltd. en Amazon), cesta con fotos de frutas para emparejar con sus correspondientes miniaturas (compradas en un kiosko en La Manga), caja de color número 1 DIY y caja con tablillas de madera para emparejar (compradas en el mercadillo navideño del colegio Montessori de Murcia estas pasadas navidades).

  • Frente a esta pared hemos puesto la pizarra Mala de Ikea (comprada a través de Wallapop) con unas pocas tizas y un bol con agua (así moja la tiza antes de usarla y apenas se hace polvillo).

La alfombra también es de Ikea aunque no sé si es muy buena idea ponerla, por el tema de posibles manchas 😀 Pero bueno, al menos no se sienta en el suelo muy frío.

Aún nos faltan cosas: la cortina, lacar el armario de ese dormitorio (en el que están todos los materiales de manualidades que hacemos)… Pero hemos hecho hasta donde ha dado el dinero 🙂 Financiamos todo lo que podemos vendiendo cosas a través de Wallapop y con lo que vamos ahorrando poco a poco gracias a aportaciones de familiares.

A Valentina le ha encantado su nuevo cuarto. Estamos deseando probarlo 😀 Os iré contando en breve. ¿Te ha gustado?

Disonancia Cognitiva

Si has llegado a este blog es seguramente porque ya hayas pasado por otros sobre crianza con apego u otras pedagogías alternativas, como el de Bei, el de Cristina Tébar, el de Marta o el de Clara. Y seguramente conozcas a Carlos Gonzalez, Ana Peinado, Jane Nelsen… O quizás me equivoque y hayas llegado hasta aquí por lo que se conoce como «Disonancia Cognitiva».

El concepto de disonancia cognitiva, en psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes.

Básicamente es cuando criticamos las opiniones, acciones, ideologías… de otras personas por tener un claro desconocimiento de ellas.

Los blogs que te he comentado antes tienen muchas cosas en común, pero una que no falla seguro es una frase del estilo «familiares y amigos te aconsejan (o recomiendan o critican), sin duda con la mejor intención, que…». Bueno, pues aunque en muchos casos es cierto, yo quiero decir algo que también es muy cierto y que muy probablemente por ser políticamente incorrecto nadie dice: también hay gente mala, gente tóxica que te critica y juzga tu manera de criar a tu hijo por ser totalmente distinta a su manera. A veces te juzgan incluso si has cambiado menos pañales ese día que tu pareja, o si te tomas un café tranquila mientras tu chico se encarga de la peque.

Sí amigos, hay gente así de mala. Gente que se dedica únicamente a compararse con los demás, siempre claro está con la premisa de que lo que ellos hacen siempre es mejor. Y esto se debe precisamente al concepto que titula este post: a la disonancia cognitiva.

Cuando no conoces algo, la primera reacción que se suele tener es el rechazo. Es normal. A mí también me ha pasado. Hay una pre-Iria y una post-Iria tras el nacimiento de mi hija. Ya os lo comentaba en el primer post, mis «yo creía que…» Pero también se da el caso de personas que saben que algunos de tus comportamientos son mejores que los suyos, pero como ellos no han actuado (o pensado) así, te siguen criticando. Y muy duramente. Ese tipo de gente, envidiosa por naturaleza, es muy tóxica y tiende a hacer mucho daño, incluso a personas muy cercanas.

Todas las mamás y papás que me leéis sabéis de que os hablo. Sobre todo si habéis optado por un tipo de crianza tan distinta a la que nos dieron nuestros propios padres: una crianza con apego seguro, con lactancia natural a demanda y sin fecha de fin establecida… Y, sin embargo, son otras mamás y papás las que más juzgan. ¿Acaso cuando pasan X años desde el nacimiento de nuestros hijos se nos olvida la poca gracia que nos hacía que juzgaran algo tan personal como el tipo de crianza que elegimos, y pasamos a estar en el bando tóxico? No termino de entender como, entre madres, somos tan crueles entre nosotras. Y sí que es cierto que muchas veces, quiero pensar que la mayoría, son con buenas intenciones. Pero hay gente que no lo hace así. Su intención no es otra más que compararte y ridiculizarte.

No se puede evitar que haya este tipo de personas tóxicas en el mundo (por ese, entre otros muchos motivos, nosotros damos otro tipo de educación distinta a la tradicional a nuestra hija). Cuando esa gente aparece en tu vida y se va igual que vino, bueno, pues mejor, no vas a tratar mucho con ellos así que lo mejor es olvidarse pronto. Pero a veces esas personas también están en tu entorno más cercano. Y entonces es cuando realmente puede haber problemas. Es muy complicado ignorarlos.

Nosotros en particular tratamos de evitar a ese tipo de personas tóxicas, de ignorarlas tanto como podemos. Unas veces lo conseguimos mejor, otras nos cuesta algún llanto y enfado… Pero al final, a pesar de todas las posibles críticas, los resultados se ven en nuestra hija, que es quien importa realmente. Por ella hacemos y deshacemos lo que nosotros realmente creemos que es lo mejor. Somos su padre y yo quienes únicamente pueden tomar parte en las decisiones sobre su crianza y toda persona externa con malas intenciones no es bienvenida a nuestra casa ni a nuestra familia.

Si has llegado hasta aquí conociendo las personas que te indicaba al principio del post, sabes perfectamente de lo que hablo. Y si has llegado hasta aquí por disonancia cognitiva, bueno, al menos has aprendido una nueva palabra hoy. De nada.

Cuando ser mamá las 24 horas no es color de rosa

Hay días y días.

Hay días en que Valentina es un sol. Y lo cierto es que son la mayoría de días. Pero Valentina es una niña de alta demanda. Para quien no lo sepa, los niños de alta demanda son aquellos que precisan de la atención de sus padres o cuidadores al 100%, hipersensibles, lloran con facilidad… Son muy intensos: todo lo que hacen o dejan de hacer lo viven de una manera muy exagerada. Si lloran, lloran mucho. Si ríen, ríen a carcajadas. Suelen ser hiperactivos y muy absorbentes. Demandad brazos, cariño, consuelo y juego continuamente. Y en cuanto a la lactancia, suelen pedir pecho muy de continuo. A los padres de niños de alta demanda no les queda más remedio que armarse de paciencia.

Valentina cumple todos estos requisitos en mayor o menor medida. En general, no es una niña especialmente hiperactiva, más bien es una niña muy tranquila, con la que podemos salir a cualquier lado, ir a restaurantes, pasear… Pero necesita de sus padres, de sus brazos, juegos y mimos constantemente. Sigue con lactancia natural y, aunque ya pide menos, sí que cuando era más bebé llegaba a demandar pecho cada 20 minutos, fuera de día o de noche…

Cuando estamos mi pareja y yo, pues nos podemos medio turnar. Normalmente cuando está su padre quiere estar siempre con él (menos las noches, que entonces su padre desaparece de la faz de la tierra y se pega a mí como si no hubiera un mañana). También creo que es una situación normal. A mí ahora me ve las 24 horas del día, mientras que a su padre solo el rato de la comida y la cena. Y cuando llega el fin de semana digamos que intenta recuperar el tiempo perdido con él.

Hoy ha sido uno de esos días complicados. Nuestro día ha sido un día digamos de los normales: nos hemos levantado entre besos, abrazos y risas (eso es una de las cosas que más me gusta de estar parada), hemos desayunado bien y luego, como solemos hacer, nos hemos ido a su habitación para que Valentina jugara. Digo «hemos ido» porque en esta casa no existe la opción de «Valentina se ha ido a su habitación a jugar sola». Ella tiene que estar siempre en la misma habitación donde estemos nosotros, así que yo ya he asumido que me tengo que ir a su cuarto si no quiero tener los juguetes por toda la casa.

Normalmente me siento en una silla y veo como juega, sin participar mucho. Pero ella siempre quiere que esté pegada a ella. Si quiere jugar con un juguete que está en el otro lado del cuarto (estoy hablando de una habitación de 10m2, no de chalet al estilo Preysler) empieza a gritar «jugaaaaaaaaaar jugaaaaaaaaaar» o «alliiiiiiiiiiiii alliiiiiiiiiiiiiiiii» y, o vas, o llora. A veces llora más, a veces llora menos… Pero renegar siempre reniega. Y hoy, particularmente, ha sido de los días de llorar más. Quería jugar con una casita de muñecas de madera que tenemos (la que saca Lidl todos los años) que estaba como a unos 30cm de donde yo estaba sentada. Pues no, tenía que estar yo pegada a la casita. Se me ha ocurrido la idea de, mientras jugaba, pues leer yo un libro de los que tengo a medias. Pues no, tampoco valía. tengo que estar mirándola, sin poder hacer yo otra cosa.

Bueno… Aguantamos el rato de juegos. A media mañana o así ha llegado el repartidor de Correos con un pedido que hice en AliExpress. He comprado unas tarjetas de visita de madera para hacer la caja de color número 1 de Montessori (ya la hice con papel de 80gr y goma EVA pero no han aguantado demasiado…). Le pregunto a Valentina: «cielo, ¿quieres que salgamos a la calle a jugar o nos quedamos pintando?». Ha preferido pintar. Preparo la mesa de la cocina con papel para que no manche, con las pinturas repartidas en hueveras para que ella las vaya cogiendo, un pincel para ella, otro para mí, una lámina de cartulina blanca para ella, las tarjetas de madera para mí. Y allá que vamos.

El rato de pintura sin llantos ha sido alrededor de unos 15 minutos, rato que yo he aprovechado para pintar las tarjetas como un rayo… Pasado ese tiempo, ya no quería estar allí, quería que la cogiera, me ha pintado el pelo, el pijama, el suelo… En fin, cosas que pasan cuando se pinta. Ya cuando la bajo y me pongo a lavarle las manos y la cara (porque últimamente también le gusta pintarse hasta los dientes) se ha puesto a llorar, no le cuadraba nada y yo cada vez más nerviosa.

Me pide que le ponga Caillou. Se lo pongo en la televisión y pienso «voy a aprovechar para hacer la comida». Error. En cuanto he salido del salón se ha venido detrás, se ha enganchado a mi pierna y otra vez a llorar. Y ya viendo que hoy no iba ni a comer, pues lo he dejado, me he ido al salón con ella y como he podido le he mandado un mensaje a su padre diciéndole que si quería comer, o traía comida de fuera o nos íbamos a una bocatería que hay cerca de casa. Y así hemos hecho. Hemos salido. La niña ha desfogado, su padre me ha echado un cable y yo me he podido tranquilizar.

Sí que es cierto que hoy he sabido aguantar el tipo, no gritarle ni enfadarme con ella. Pero hay días que eso se hace complicado y al final acabamos las dos llorando. Estar las 24 horas del día con niños es muy complicado, incluso cuando son tuyos. Quiero pensar (y estoy segura de que es así) que es una etapa más, que más pronto que tarde empezará a ser más independiente, a poder estar en un cuarto sola sin necesidad de estar agarrada a mi pierna (o a mi pecho), y que recordaré estos días incluso con nostalgia.

Ser madre es muy difícil. Ser madre es muy agotador. Y además ser madre te convierte en la persona más criticada del planeta (disonancia cognitiva, post pendiente). Pero luego la miras, como está ahora mismo, tranquila y serena, durmiendo, o te echa una sonrisa y una mirada tan sincera y profunda, llena de amor, que se te olvida todo. Todo. Entonces es cuando ser madre se convierte en lo mejor que has hecho en tu vida y ya no puedes entender cómo has podido vivir tantos años sin esa personita que te permitió durante 9 meses (8 en mi caso) tener dos corazones latiendo dentro de tí.

POSDATA: la caja de color número 1 la he hecho siguiendo el DIY de Bei, de Trigiteando. Podéis verlo aquí. Os dejo algunas fotos del proceso y cómo han quedado:

Tal y como llega el paquete
Puedes comprarlas aquí
Proceso y resultado final

Navidad y Reyes Magos

En casa no somos ni católicos ni creyentes. No profesamos ninguna religión ni creemos en ellas. A pesar de que mucha gente opina que la religión, en concreto la católica, puede aportar buenos valores a los niños, nosotros consideramos que aportar buenos valores no tiene por qué ir ligado de educar en una religión.

Tanto mi «marinovio» como yo nos hemos criado en el seno de familias católicas, hemos hecho la comunión y yo incluso estoy confirmada. Pero al llegar a la edad adulta nos hemos dado cuenta de que no estábamos de acuerdo en la mayoría de las cosas que se profesan, por lo que decidimos desvincularnos de ella. Incluso yo he estado muy vinculada a la Semana Santa de Lorca, que es nuestra gran fiesta y está declarada de interés turístico internacional. Sin embargo, al ser mamá, me he planteado tantísimas cosas que creo que ese tema merece un estudio más concreto sobre qué queremos para nuestra hija.

En particular, este año, dado que Valentina ya es algo más grande (bueno, si 21 meses se considera grande 🙂 ), es cuando de verdad nos hemos planteado qué hacer con la Navidad y los Reyes Magos.

De momento, tenemos muchas dudas. Por un lado, no queremos mentir (aunque sea piadosamente) a nuestra hija. Además de que nos parecen unas fechas de excesos tremendos: comidas por doquier, regalos excesivos… Pero por otro lado, parece que te da un poco de cosilla no hacerla partícipe de días tan mágicos. Y por supuesto, que vivimos en un país con muchísima tradición en ese sentido y, aunque no estés de acuerdo con ello, también quieres que tu hija viva en sociedad…

Lo cierto es que es un tema bastante peliagudo. Si ya es difícil lidiar con familia y amigos sobre el tema de la educación, imaginad con el tema de la religión… Mi abuelo siempre me decía que si no quería problemas, no hablara ni de política ni de religión jeje (te quiero Paye, te echo de menos). Además se suma que a mí en particular no me gustan naaaaaaaaada de naaaaaaaaada estas fechas. Así que juntamos el hambre con las ganas de comer…

Este año, con todas nuestras dudas, hemos celebrado la navidad como siempre. Lo que viene siendo de libro: árbol de navidad, comidas y cenas, cabalgata de reyes y regalos de más.

Por nuestra parte hemos regalado a Valentina únicamente regalos educativos. Este año le ha tocado el arco iris Waldorf, unos nins que pinté a juego con los colores del arco iris, y un libro pop-up que nos tiene alucinados: «Alice’s Adventures in Wonderland» de Robert Sabuda

Arco iris Waldorf aquí
Nins de Tiger
Alice’s Adventures in Wonderland
Podéis ver un vídeo del libro aquí

Yo pedí libros sobre pedagogías y educación, y me llegaron «Aprender a vivir con niños» de Rebeca Wild, y «Cómo educar niños maravillosos con el método Montessori» de Tim Seldin. Y para mi marinovio ropa de invierno, que siempre le viene bien. En nuestro caso han sido reyes algo austeros, pero dado nuestros sentimientos encontrados y que también este año en particular yo me encuentro en una situación laboral muy complicada (ya van 4 meses sin cobrar -paro a ver si llegas pronto…) pues es lo que tocaba. La familia por supuesto ha regalado todo lo que ha querido, y así nos gusta que sea. Si yo no estoy de acuerdo con la navidad y los reyes, por supuesto no voy a hacer que todo el mundo piense igual que yo. Para ellos es algo mágico y con mucha ilusión preparan todas estas fechas. Y eso se nota y nos gustará siempre, sea ligado a la religión o sea simplemente por querer estar con su familia.

Valentina todavía no se da cuenta de lo que pasa. A pesar de haber ido a ver la cabalgata y demás, pues para ella no es más que un espectáculo de luces, colores y música, pero le da igual que sean reyes magos o carnavales…

Creo que una buena manera de enfocarlo sería como unas fechas en las que la gente se demuestra más que nunca lo que se quieren, juntándose para estar en familia (incluso a pesar de las distancias) y haciéndose regalos para demostrar ese afecto. La verdad es que aún no hemos decidido al 100% cómo afrontar este tema, pero creo que para el próximo año ya deberíamos tener una idea clara de qué hacer. Tenemos un año entero para pensarlo.

¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Sois de los que seguís la tradición, pese a todo, hasta que llegue el día en que vuestros peques ya pierdan esa inocencia? ¿O por el contrario os planteáis también otras maneras de vivir estas fechas? Nos encantaría tener más visiones. La diversidad es lo que nos engrandece como seres humanos.

Bienvenida y por qués

¡Hola! Mi nombre es Iria y soy la mamá de una niña preciosa de 21 meses llamada Valentina. Nos conocimos un 20 de Marzo de 2015, prácticamente por sorpresa, puesto que la esperábamos para el 19 de Abril. Fue amor a primera vista. ¿Quién no ha sentido algo así al conocer a sus propios hijos?

¿Cuántas cosas te dicen o te advierten cuando vas a ser madre/padre? Uff…. Lo que no te dicen en cuánto puedes llegar a aprender de tus hijos. Lo que nos enseñan. Cuántos «yo creí qué…» y cuántos «yo nunca…» te acabas comiendo con patatas…

Yo creí que sería bueno que mi hija, al terminar la baja por maternidad, que fuera a la guardería. Aprendería cosas, se inmunizaría… He de decir que nosotros hicimos la matrícula en una guarde que nos gustaba antes de que naciera. Cuándo llegó el día de llevarla a la guarde nos dio tanta pena que al final decidimos, por lo menos el primer año, que se quedara con su abuela mientras sus papis trabajaban.

Claro que una pena horrible es la que sientes cuando, con tan solo 16 semanas de vida, te dicen que tu hijo ya es suficientemente grande como para no necesitar a su madre… Y te incorporas al trabajo. Los compis te saludan, se alegran de verte, y las mamis del trabajo te miran y te dicen «hoy no es tu mejor día ¿verdad?»

La lactancia, que yo tenía muy muy claro que quería para mi hija desde mucho antes de que naciera, se hace durísima. Primero, al ser prematura no sabía mamar, por lo que tuvimos que darle lactancia mixta con dedo-jeringa. Primera patata para mí (yo nunca le iba a dar biberón). Después toca incorporarse al trabajo y, aún siguiendo con mixta, empiezas a usar el sacaleches, con la intención de reducir dosis de artificial para darle solo natural. Maldito sacaleches, que mal nos llevamos. Apenas sacaba, y cada día mi hija quería más, y el sacaleches no sacaba la suficiente…

En tu corazón sabes que lo que hace falta es que estés con ella, las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Sabes que lo que ambas necesitáis es estar juntas. Pero… hay que trabajar.

Mis prioridades cambian por completo, y un trabajo que antes me apasionaba, pasa a un segundo (o tercer, o cuarto…) plano. Sólo quieres estar con la peque.

Empiezas a leer sobre crianza con apego. Lo que tu corazón te están diciendo a gritos tiene nombre. No eres la única que se siente así. Y lees. Y lees más…

Un día, en la oficina, una compañera habla de posibles colegios para su hijo. Y se menciona la palabra Montessori. – ¿Qué es eso? – Una pedagogía que respeta los ritmos de los niños, los dejan aprender solos – Ale, libre albedrío, que aprendan, y si no, que no aprendan…. Pobre ignorancia la mía (a esto se le llama Disonancia Cognitiva, y le dedicaré un post más extenso)

Me pica la curiosidad y empiezo a leer, y a leer más y más. Descubro varios blogs, hago cursos online y me empapo de, no una pedagogía, sino de una filosofía de vida. Vaya. Algo que siempre has sabido, el fracaso de la educación tradicional. Y algo que sabrías que no querrías para tus hijos. Y vuelve a tener un nombre. Y no eres la única que cree que hay más opciones. Y devoras libros y post y ves documentales sobre pedagogías alternativas, educación activa… Y te encanta.

Bueno, y en Lorca ¿hay algo relacionado con Montessori o educación activa? Nada. Ni una guarde, ni ludoteca, ni mucho menos colegios…

Y vuelve a llegar el día de llevar a Valentina a la guardería. Piensas: bueno, que vaya dos o tres horitas, que juegue con niños, le vendrá bien. Y coges días de vacaciones para hacer el periodo de adaptación. Pero oh! en esa guarde con más de 30 años de experiencia que creías que sería buena para tu hija no hay periodo de adaptación. Bueno, realmente sí hay. Ellos llaman periodo de adaptación a dejar pocas horas los primeros días a la niña. Hoy una horita, mañana hora y media, y así poco a poco hasta completar las horas contratadas. Día 0, minuto 0. Entramos a la guardería y Valentina se agarra a mi pierna. No quiere estar allí. Algo se huele. Y yo, con el corazón roto, empiezo a llorar. Pero bueno, todo el mundo te dice que es lo mejor para ella, que es normal que llore, que tiene que llorar, que no pasa nada si los niños lloran. Y mi corazón diciendo que eso no está bien, que Valentina está sufriendo. Y mi cabeza diciendo que es normal, que no le pasa nada, que le vendrá bien… Le pedimos a la guarde entrar con ella a la clase, quedarnos un rato, hasta que ella vea que es un sitio seguro. Pero no nos dejan. Sus 30 años de experiencia nos aconsejan que lo mejor es dejarla atada a la silleta y dársela a ellas lo más rápido posible, y que salgamos sin despedirnos… Al tercer día de llantos al entrar, al salir, y durante las horas que pasaba allí, decidimos sacarla y que volviera con su abuela.

Es sorprendente ver como hay gente que trabaja igual ahora que hace 30 años. Si yo hiciera eso, no tendría trabajo. Seguro.

Aún estando con su abuela, sabiendo que estaba bien, yo sabía que ella con quien mejor estaba era conmigo. Pero… hay que trabajar.

La empresa donde trabajo empieza a fallar en los pagos. Algo va mal. Compañeros de otras áreas dejan de cobrar nóminas. Y un día te llega a ti el turno. «No podemos pagar las nóminas. Vamos a hacer un ERE por cese de actividad». Vaya putada ¿verdad? Te vas a un abogado, te informas de qué puedes hacer y qué no, y tomas una decisión. Algunos compañeros tienen serios problemas para pagar alquileres, hipotecas… Y bueno, tu sobrevives tirando de ahorros, que sabes que un día (más pronto que tarde) se van a acabar. Y llega el día en que por fin te despiden y puedes cobrar el paro. Menos mal, algo de dinero va a entrar en casa.

Y ahí es cuando yo veo una auténtica ventana abierta. Por fin puedo estar con mi hija todo el tiempo que yo quería. Puedo aplicar más Montessori con ella, puedo hacer muchas cosas de estimulación, puedo levantarme por la mañana dándole besos y abrazos sin prisa ninguna…

Y empiezo a informarme sobre homeschooling (o unschooling más bien). Algo que ahora puedo hacer con ella por fin.

Y me digo a mí misma: «en Lorca no hay nada al respecto. ¿Por qué no montar una asociación?» Me muevo y conozco más gente interesada, con la que creamos la asociación «Crespillos para la Paz».

Pero no es suficiente. Siento la necesidad de compartir todas mis experiencias, mis dudas, mis inquietudes… y recopilarlas para que la gente pueda ver que hay muchas formas de criar a un hijo. Sólo hay que quererlo de verdad, querer cambiar las cosas.

Y, así, llegamos a este blog. En él compartiré mi día a día, cómo nos organizamos, qué hacemos, qué alternativas hay… Y quizás alguien llegue a este blog y también vea que lo que siempre le ha dicho su corazón tiene nombre. Y que no están solos.

Espero poder ayudar a toda esa gente.

Empezamos