Charla y taller Yvonne Laborda – Elche (Enero 2017)

Hoy quiero hablaros de una mujer que prácticamente acabo de conocer pero que me ha tocado el corazoncito en apenas unas horas con ella: Yvonne Laborda. Yvonne es terapeuta Humanista-Holista y asesora en Crianza Consciente. Además, tiene tres hijos que nunca han estado escolarizados y que aprenden mediante Unschooling. Yo, personalmente, no la conocía mucho pero una amiga me comentó que iba a dar una charla gratuita y unos talleres presenciales este pasado fin de semana en Elche, y que seguro me iban a gustar muchísimo. Y acertó 😀 (gracias Eva)

Durante el fin de semana había varios talleres pero yo concretamente asistí a una charla debate gratuita organizada por el AMPA del CEIP Princesa de Asturias, titulada “Educación consciente: dando voz a los niños” y a un taller vivencial el domingo llamado “La niña que fui, la madre que devengo”.

Sobre el taller vivencial no os voy a contar demasiado. Fue algo muy profundo y muy muy personal y que por supuesto recomiendo 100%. Digamos que fue como una terapia de grupo en la que se nos removió a todos el alma y que creo que es muy necesario para mucha gente, más de la que pensamos. Si tenéis alguna vez la oportunidad de ir, no lo dudéis.

La charla fue algo más dinámica, más impersonal. Aun así, hubo más de una lágrima pero muy sanadora 🙂 Lo que hace Yvonne es mayoritariamente dar voz a los niños, que se les escuche y se les respete. Los niños son unos expertos en inteligencia emocional. Todo lo que hacen lo sienten y lo expresan. Sin embargo, somos precisamente los adultos los que “suspendemos” en este tipo de educación emocional. Y, lo que es peor, es que los adultos somos los que intentamos controlar esas emociones de los niños, reprimirlas, solo por el hecho de no descontrolar nuestras propias emociones.

Yvonne ponía como ejemplo su hijo, que juega al ajedrez pero que no puede jugar sentado, está siempre en continuo movimiento. Y ella no puede concentrarse para jugar con él. Pero en vez de reprimirle y decirle continuamente “siéntate, no ves que así no puedo?!?!?!” ella respeta esa forma de ser, que es perfectamente legítima y que el niño no es el que tiene el problema, sino ella que necesita más calma para concentrarse. Y en lugar de reprimir al niño, ella opta por irse un momento a la cocina, prepararse una infusión, tomársela y calmarse, y después seguir jugando con su hijo al ajedrez. ¿Cuántos de nosotros hemos tenido una situación parecida? Niños que no paran de moverse, de hablar, de expresarse de mil maneras… y que nosotros como adultos reprimimos e intentamos controlar para que no nos descontrolen. Cuando realmente el problema no es del niño, sino de nosotros mismos.

Cuando se opta por otro tipo de educación, ya no solo a nivel académico sino en casa también, como la que nosotros hemos optado, a veces (demasiadas veces) te sientes sola. No todo el mundo lo entiende y no todo el mundo lo respeta. Y dudas. Dudas mucho. Una de las cosas que comentó Yvonne es precisamente eso, la soledad con la que se empieza en este mundo y que ninguna madre y que ningún padre deberían estar solos. Por ello la importancia de las tribus de madres: grupos de madres (o padres) que comparten esas mismas inquietudes y que se juntan para apoyarse mutuamente, para animarse, darse consejos (sin ser juzgados continuamente). Cuando empezamos a conocer a más gente en Lorca interesada por una educación alternativa fue como un alivio, un “uffff pues no soy tan rara” XD Ahora hemos formado una “tribu” también muy interesante, muy querida y muy muy necesaria.

Yvonne habla de los 4 pilares fundamentales que un niño todos necesitamos:

  • 1. Presencia: un niño necesita la presencia de sus padres constantemente. Es esencial que estemos con ellos. Somos LO MÁS IMPORTANTE para ellos.
  • 2. Validar lo que se quiere, lo que se siente. Todos los sentimientos, todas las emociones son legítimas. No hay emociones malas ni buenas sino necesarias en ese preciso instante.
  • 3. Nombrar la verdad, darle nombre a los sentimientos y emociones. No vale ocultar la tristeza diciendo un “no me pasa nada” o un “se me ha metido algo en el ojo”. No. Tenemos que ponerle nombre y decirle a nuestros hijos la verdad: estoy triste (o enfadada, o contenta, o rabiosa…) por esto o por lo otro.
  • 4. Conexión emocional. Hay que hacer un ejercicio de empatía para entender por qué el niño siente eso en ese preciso instante, y entenderle, comprenderle y acompañarle en ese sentimiento.

Con estos cuatro pilares lo que estamos dando a nuestros hijos es AMOR INCONDICIONAL, hacemos de la crianza una crianza consciente y educamos a nuestros hijos como adultos respetuosos y empáticos con los demás. Recuerdo una chica que le preguntó a Yvonne que le daba miedo criar a su hija “demasiado blanda” e Yvonne le contestó que nadie va a terapia ni necesita ayuda profesional por recibir demasiado amor. Y cuánta razón lleva. Nos hacen creer que a los niños hay que limitarles, anularles. Y eso tiene como consecuencia una generación de adultos que necesita el mayor número de ansiolíticos recetados en toda la historia de la medicina.

Durante la charla también surgió uno de los problemas a los que nos enfrentamos, en la fase inicial principalmente, todos los que decidimos educar a nuestros hijos de una manera distinta, más respetuosa: el tener que estar continuamente justificándonos con todo el mundo sobre el por qué hacemos esto o dejamos de hacer aquello. Yvonne, que por supuesto también ha pasado por esos momentos, llegó al punto de darse cuenta de que cuanto más se justificaba con el resto de personas, más poder le daba a esas personas para criticar o cuestionar su manera de hacer las cosas. Pero realmente lo que debemos darnos cuenta es de por qué esas personas nos cuestionan. Hay que validar a ese adulto que no conoce o no entiende que haya otras formas igualmente válidas a las suyas, y ponernos en su piel. Y llegará un momento en el que, cuando los hayamos comprendido, ellos mismos dejarán de cuestionarnos. Me gustó mucho esa forma de ver las cosas. Nosotros estamos ahora en esa fase y creo que debemos relajarnos un poco más en ese sentido y entender que no todo el mundo tiene la capacidad de abrir su mente a otras alternativas.

Como veis fue un debate muy muy interesante. Se trataron temas muy personales y otros muy generales sobre crianza consciente y educación emocional. Y después de tres horas de charla y echarnos literalmente de la sala donde se celebraba, me encantó una última frase que dijo Yvonne:

Y ahora, paséatelo por el cuerpo

Primer día en el aula Montessori – Día Unschooling

Hoy quiero mostraros el estreno que hemos hecho de nuestra pequeña aula Montessori casera (podéis verla aquí) y cómo pasamos un día en nuestra vida sin escuela.

Nos levantamos sin prisa, entre besos y abrazos (muchos muchísimos) y después de desayunar le he mostrado a la peque su nuevo cuarto de “juegos”. La verdad es que se nota un cambio muy importante en la actitud de Valentina al verse en un ambiente preparado. Ya lo había visto en ella cuando hemos visitamos la escuela Libre Natura o la Montessori de Murcia. Es un ambiente que llama a la curiosidad, a querer descubrir cosas.

Cuando ha entrado en la habitación ha mirado a todos los rincones de la misma. No sabía por qué material decidirse. Ha estado un buen rato con la pizarra, en la que le encanta mojar la tiza en agua antes de escribir. Me ha sorprendido bastante porque sin yo decirle nada ella sola mojaba la tiza y luego la volvía a poner en su sitio antes de coger otra tiza distinta.

La caja de husos le encanta, pero sobre todo le gusta mover el cubilete donde están todos los husos y tirarlos por toda la habitación. Ahí he de ponerle una pega a los muebles, y es que están separados del suelo poco menos que un centímetro, lo suficiente para que se cuelen los husos 😀 Menos mal que no los he atornillado a la pared aún.

Tras ello ha estado otro buen rato en la mesa de luz. Siempre le ha gustado y desde el principio ha llegado a estar cerca de los 30′ concentrada en ella. Hemos contado el cuento de Cocodrilo, de Kalandraka, con la mesa de luz y después ha estado con unas piezas de madera que teóricamente son para ensartar entre ellas, pero el juego preferido de Valentina es esparcirlas por toda la habitación (y, por ende, colándose también debajo de los muebles). Estas piezas las aprovecho también para enseñarle los colores, o contar mientras las recoge.

He de decir que lo que peor llevamos con Valentina es a la hora de recoger sus juguetes. En casa nunca quiere recogerlos, a pesar de que sé que es capaz de hacerlo pues en las clases de música lo hace perfectamente. En una ocasión intentamos que recogiera sí o sí un material y, aunque siempre le hablamos con tranquilidad, sin gritos, con cariño y mostrándole todo nuestro afecto, nos costó dos horas de reloj con su correspondiente rabieta. Escuchar dos horas llorar a tu hija es de lo peor que te puede pasar. No sé cómo pudimos mantener el tipo tanto mi su padre como yo, sin perder en ningún momento los nervios. Pero nos sirvió para comprender que con eso sólo lograríamos lágrimas. Así que desde entonces procuramos enseñar (como con todo) a través del ejemplo. Cuando llega la hora de recoger algo, se lo pedimos a la peque y con canciones, juegos o malabares varios recogemos con ella. Y, aunque siempre acabamos nosotros recogiendo muchísimo más que ella, es cuestión de paciencia. Poco a poco lo intenriorizará y lo hará sola. Solo es cuestión de tiempo y mucha ternencia (ternura + paciencia 😀 ).

Hemos estado en la habitación alrededor de una hora o así. Valentina ha empezado a impacientarse por lo que hemos salido a la calle un rato a jugar y a aprender de todo lo que nos rodea.

Por supuesto, aplicamos todo lo que podemos en vida práctica. Procuro que participe en hacer la comida, poner la mesa, hacer camas, ayudar en las tareas del hogar… Hace poco le compramos vía Amazon un cuchillo de cortar verduras y otro de mantequilla. Suele prepararse sus snacks a media mañana o a veces también la merienda. Hoy hemos usado el cuchillo de cortar verdura para cortar zanahoria y apio. La zanahoria aún está muy dura para ella así que he tenido que ayudarla un poco.

Después de comer una siestecita y de merienda crepes de chocolate. Y aprovechando que hoy hacía muy buen día hemos salido a pasear por la tarde y a ver a la bisabuela.

Y así es básicamente como pasamos nuestros días de unschooling. Alternamos con las clases de música los martes, visitas a la biblioteca infantil, juegos en la ludoteca del centro comercial… Lo bueno de esto es la flexibilidad que tenemos. No hay necesidad ninguna de planificar nada y todo surge de manera espontánea. Así que nunca tenemos dos días iguales. Pero también tengo que decir que siempre son bien recibidas cualquier idea de actividades con niños 😉 Se me acaban las ideas, sobre todo para los días de frío jeje.

Nuestra aula Montessori

En casa hemos hecho muchos cambios desde que llegó Valentina. Antes de que naciera le preparamos una habitación para ella, con idea de que más pronto que tarde durmiera allí. Pero como ya sabéis, Valentina duerme con nosotros y así seguirá siendo hasta que ella decida dormir en su propio cuarto.

De modo que lo que iba a ser su cuarto se ha convertido en una habitación de juego simbólico. Allí hemos puesto su cocinita, su casa de muñecas, un armario a su altura para que sea ella quien decida qué ponerse…

Sin embargo, el principal cambio en casa ha sido el despacho. Teníamos otro dormitorio destinado a un pequeño despacho donde yo estudiaba, acumulábamos papeles, teníamos el ordenador… Pero con el tiempo dejó de usarse, y más sobre todo a raíz del nacimiento de la pequeña. Éste era el despacho:

Dado el poco uso que le dábamos y que queremos educar en casa a Valentina, al menos hasta los 6 años, decidimos destinar ese espacio a acondicionarlo a tener una especie de “aula Montessori” para tener organizados todos sus materiales y disponer de un dormitorio totalmente adaptado a sus necesidades.

Aunque todavía faltan algunas cosas, y nos queda mucho por aprender en cuanto a materiales y organización de los mismos se refiere, tras unas pequeñas reformas…

…nos ha quedado un aula así:

En la pared de la ventana hemos puesto:

  • La mesa de luz hecha con una mesa Latt de Ikea, luces led de Amazon y metacrilato de Rotulneon.
  • Una estantería Besta de Ikea con:
    • A la izquierda, todo el material de la mesa de luz que tenemos actualmente.
    • A la derecha, zona artística y de música.

  • En la pared contigua dos estanterías Besta de Ikea con, de izquierda a derecha:
    • Puzzles y encajables
    • Material sensorial: laberinto de cuentas, sólidos geométricos de AliExpress, juego de martillo, cilindros de botón de AliExpress, figuras para enhebrar, bandeja con cubo encajable, copa con esfera y copa con ovoide, y tablillas liso-rugoso DIY.

  • Material de matemáticas. Valentina empieza a interesarse por los números (de hecho, ayer contó en spanglish hasta 14). Para trabajar con ello tenemos un ábaco y una bandeja con husos de AliExpress.
  • Material de vida práctica: bandeja para trasvases de sólidos (actualmente con judias), bandeja con tres botes distintos con sus correspondientes corchos para cerrarlos y bandeja para trasvases de líquidos con dos jarritas de cristal de distinto tamaño (y otra mini bandeja con un paño para recoger los accidentes).
  • Material de lenguaje: cesta con fotos de animales para emparejar con sus correspondientes miniaturas (de Safari Ltd. en Amazon), cesta con fotos de frutas para emparejar con sus correspondientes miniaturas (compradas en un kiosko en La Manga), caja de color número 1 DIY y caja con tablillas de madera para emparejar (compradas en el mercadillo navideño del colegio Montessori de Murcia estas pasadas navidades).

  • Frente a esta pared hemos puesto la pizarra Mala de Ikea (comprada a través de Wallapop) con unas pocas tizas y un bol con agua (así moja la tiza antes de usarla y apenas se hace polvillo).

La alfombra también es de Ikea aunque no sé si es muy buena idea ponerla, por el tema de posibles manchas 😀 Pero bueno, al menos no se sienta en el suelo muy frío.

Aún nos faltan cosas: la cortina, lacar el armario de ese dormitorio (en el que están todos los materiales de manualidades que hacemos)… Pero hemos hecho hasta donde ha dado el dinero 🙂 Financiamos todo lo que podemos vendiendo cosas a través de Wallapop y con lo que vamos ahorrando poco a poco gracias a aportaciones de familiares.

A Valentina le ha encantado su nuevo cuarto. Estamos deseando probarlo 😀 Os iré contando en breve. ¿Te ha gustado?

Cómo educar niños maravillosos con el método Montessori – Tim Seldin

Tim Seldin es el presidente de The Montessori Foundation. Autor de varias publicaciones como “Cómo obtener lo mejor de tus hijos” y de éste libro, “Cómo educar niños maravillosos con el método Montessori”

En este libro se dan una serie de pautas muy básicas y una relación de actividades posibles a realizar con los niños de 0 a 6 años. En general, el libro está bien. Da algunas ideas para hacer con los peques y es muy fácil y cómodo de leer. Sin embargo, no es un libro para comenzar con el método Montessori, pues no explica las ideas más generales del método ni se centra en él, sino más bien en distintas actividades a realizar con los niños. No explica cómo hacer presentaciones de manera específica o el objetivo real de cada actividad, sino que hace un barrido general por algunos materiales muy conocidos del método, como la torre rosa o las cajas de color, y por otras típicas como algunos trasvases o ejercicios de vida práctica. Yo no lo recomendaría para alguien que no conoce las ideas generales del método, sino más bien para las personas que ya hayan recibido alguna formación más concreta y específica de la metodología y filosofía Montessori (porque es más una filosofía de vida que una metodología pedagógica).

Para mi entender, hay un capítulo que sobra por completo: el capítulo 4 sobre mantener la paz. En este capítulo se menciona hasta en 7 ocasiones (3 de ellas en la misma página) la frase “luchas de poder”. La maternidad/paternidad y la enseñanza de los niños NO DEBERÍA SER UNA LUCHA DE PODER. Primero, porque no es una guerra lo que estás haciendo. Son tus hijos, tus alumnos los que esperan lo mejor de ti y eso, sin lugar a dudas, no es una pelea continua. Y si así lo sientes, algo no va del todo bien. Y segundo, porque está más que demostrado por la neurociencia que el cerebro de un niño de entre 0 y 6 años de edad (aproximadamente) no tiene la capacidad para hacer planes maquiavélicos para arruinarte o hacerte la vida imposible. Hay muchas publicaciones al respecto que unen la neurociencia con la pedagogía y que cada vez dan más la razón a las pedagogías alternativas frente a las más tradicionales. Uno de los libros en los que se explica muy bien cómo evoluciona el cerebro en los primeros años de vida, y cómo se manifiesta eso en los niños es “El cerebro del niño” de Daniel J. Siegel (lo tengo a medio leer, escribiré reseña en breve si no pasa nada). También hay otro de un autor español, Álvaro Bilbao, que tiene muy buena fama, pero que aún no he tenido la oportunidad de leer: “El cerebro del niño explicado para padres”. Incluso hay artículos en la red que hablan de cómo esta “neuropedagogía” respalda los descubrimientos hechos por María Montessori hace ya más de 100 años (puedes leer uno de ellos aquí). Sin embargo, creo que en esta ocasión el autor no ha sabido reflejar como esta pedagogía trata de mantener la paz entre los niños.

Por lo que yo he podido percibir, el autor se ha centrado más en “traducir” al padre/madre/educador de educación tradicional los términos que usan a cómo tratarlo según Montessori. Pero no estoy de acuerdo en nada de lo que dice, y mucho menos en cómo lo dice. La manera en que el autor dice que los niños “nos ponen a prueba” (3 ocasiones) o que “tantean nuestros límites” (2) me llega a parecer un poco insultante hacia ellos. Cuando has leído algo de neuropedagogía entiendes que un niño no es capaz de hacer lo que dice el autor. Es nuestra interpretación como adultos a un comportamiento de un niño, que está más dominado por su parte emocional que racional. Si bien es cierto, creo que también pueden ser problemas de la traducción del libro. Yo lo he leído en español y siempre habla de “tu hija”, no usando un género neutro en las descripciones, sino más bien femenino. Pero, aunque quizás la traducción haya fallado en el sentido de repetir muchas frases, tengo la sensación de que el autor piensa que el niño siempre está en constante ataque hacia sus padres/educadores, poniéndolos siempre a prueba. Y eso no me ha parecido muy Montessori la verdad.

En resumen, creo que si ya tienes conocimientos sobre el método y algo de neuropedagogía (para no hacerle demasiado caso al capítulo 4), puede ser un libro útil para darte ideas con los peques. Pero tampoco lo he visto como para best seller… ¿Lo has leído? ¿Qué opinión tienes de él? Quizás yo lo he visto con ojos demasiado críticos…

Disonancia Cognitiva

Si has llegado a este blog es seguramente porque ya hayas pasado por otros sobre crianza con apego u otras pedagogías alternativas, como el de Bei, el de Cristina Tébar, el de Marta o el de Clara. Y seguramente conozcas a Carlos Gonzalez, Ana Peinado, Jane Nelsen… O quizás me equivoque y hayas llegado hasta aquí por lo que se conoce como “Disonancia Cognitiva”.

El concepto de disonancia cognitiva, en psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes.

Básicamente es cuando criticamos las opiniones, acciones, ideologías… de otras personas por tener un claro desconocimiento de ellas.

Los blogs que te he comentado antes tienen muchas cosas en común, pero una que no falla seguro es una frase del estilo “familiares y amigos te aconsejan (o recomiendan o critican), sin duda con la mejor intención, que…”. Bueno, pues aunque en muchos casos es cierto, yo quiero decir algo que también es muy cierto y que muy probablemente por ser políticamente incorrecto nadie dice: también hay gente mala, gente tóxica que te critica y juzga tu manera de criar a tu hijo por ser totalmente distinta a su manera. A veces te juzgan incluso si has cambiado menos pañales ese día que tu pareja, o si te tomas un café tranquila mientras tu chico se encarga de la peque.

Sí amigos, hay gente así de mala. Gente que se dedica únicamente a compararse con los demás, siempre claro está con la premisa de que lo que ellos hacen siempre es mejor. Y esto se debe precisamente al concepto que titula este post: a la disonancia cognitiva.

Cuando no conoces algo, la primera reacción que se suele tener es el rechazo. Es normal. A mí también me ha pasado. Hay una pre-Iria y una post-Iria tras el nacimiento de mi hija. Ya os lo comentaba en el primer post, mis “yo creía que…” Pero también se da el caso de personas que saben que algunos de tus comportamientos son mejores que los suyos, pero como ellos no han actuado (o pensado) así, te siguen criticando. Y muy duramente. Ese tipo de gente, envidiosa por naturaleza, es muy tóxica y tiende a hacer mucho daño, incluso a personas muy cercanas.

Todas las mamás y papás que me leéis sabéis de que os hablo. Sobre todo si habéis optado por un tipo de crianza tan distinta a la que nos dieron nuestros propios padres: una crianza con apego seguro, con lactancia natural a demanda y sin fecha de fin establecida… Y, sin embargo, son otras mamás y papás las que más juzgan. ¿Acaso cuando pasan X años desde el nacimiento de nuestros hijos se nos olvida la poca gracia que nos hacía que juzgaran algo tan personal como el tipo de crianza que elegimos, y pasamos a estar en el bando tóxico? No termino de entender como, entre madres, somos tan crueles entre nosotras. Y sí que es cierto que muchas veces, quiero pensar que la mayoría, son con buenas intenciones. Pero hay gente que no lo hace así. Su intención no es otra más que compararte y ridiculizarte.

No se puede evitar que haya este tipo de personas tóxicas en el mundo (por ese, entre otros muchos motivos, nosotros damos otro tipo de educación distinta a la tradicional a nuestra hija). Cuando esa gente aparece en tu vida y se va igual que vino, bueno, pues mejor, no vas a tratar mucho con ellos así que lo mejor es olvidarse pronto. Pero a veces esas personas también están en tu entorno más cercano. Y entonces es cuando realmente puede haber problemas. Es muy complicado ignorarlos.

Nosotros en particular tratamos de evitar a ese tipo de personas tóxicas, de ignorarlas tanto como podemos. Unas veces lo conseguimos mejor, otras nos cuesta algún llanto y enfado… Pero al final, a pesar de todas las posibles críticas, los resultados se ven en nuestra hija, que es quien importa realmente. Por ella hacemos y deshacemos lo que nosotros realmente creemos que es lo mejor. Somos su padre y yo quienes únicamente pueden tomar parte en las decisiones sobre su crianza y toda persona externa con malas intenciones no es bienvenida a nuestra casa ni a nuestra familia.

Si has llegado hasta aquí conociendo las personas que te indicaba al principio del post, sabes perfectamente de lo que hablo. Y si has llegado hasta aquí por disonancia cognitiva, bueno, al menos has aprendido una nueva palabra hoy. De nada.

Cuando ser mamá las 24 horas no es color de rosa

Hay días y días.

Hay días en que Valentina es un sol. Y lo cierto es que son la mayoría de días. Pero Valentina es una niña de alta demanda. Para quien no lo sepa, los niños de alta demanda son aquellos que precisan de la atención de sus padres o cuidadores al 100%, hipersensibles, lloran con facilidad… Son muy intensos: todo lo que hacen o dejan de hacer lo viven de una manera muy exagerada. Si lloran, lloran mucho. Si ríen, ríen a carcajadas. Suelen ser hiperactivos y muy absorbentes. Demandad brazos, cariño, consuelo y juego continuamente. Y en cuanto a la lactancia, suelen pedir pecho muy de continuo. A los padres de niños de alta demanda no les queda más remedio que armarse de paciencia.

Valentina cumple todos estos requisitos en mayor o menor medida. En general, no es una niña especialmente hiperactiva, más bien es una niña muy tranquila, con la que podemos salir a cualquier lado, ir a restaurantes, pasear… Pero necesita de sus padres, de sus brazos, juegos y mimos constantemente. Sigue con lactancia natural y, aunque ya pide menos, sí que cuando era más bebé llegaba a demandar pecho cada 20 minutos, fuera de día o de noche…

Cuando estamos mi pareja y yo, pues nos podemos medio turnar. Normalmente cuando está su padre quiere estar siempre con él (menos las noches, que entonces su padre desaparece de la faz de la tierra y se pega a mí como si no hubiera un mañana). También creo que es una situación normal. A mí ahora me ve las 24 horas del día, mientras que a su padre solo el rato de la comida y la cena. Y cuando llega el fin de semana digamos que intenta recuperar el tiempo perdido con él.

Hoy ha sido uno de esos días complicados. Nuestro día ha sido un día digamos de los normales: nos hemos levantado entre besos, abrazos y risas (eso es una de las cosas que más me gusta de estar parada), hemos desayunado bien y luego, como solemos hacer, nos hemos ido a su habitación para que Valentina jugara. Digo “hemos ido” porque en esta casa no existe la opción de “Valentina se ha ido a su habitación a jugar sola”. Ella tiene que estar siempre en la misma habitación donde estemos nosotros, así que yo ya he asumido que me tengo que ir a su cuarto si no quiero tener los juguetes por toda la casa.

Normalmente me siento en una silla y veo como juega, sin participar mucho. Pero ella siempre quiere que esté pegada a ella. Si quiere jugar con un juguete que está en el otro lado del cuarto (estoy hablando de una habitación de 10m2, no de chalet al estilo Preysler) empieza a gritar “jugaaaaaaaaaar jugaaaaaaaaaar” o “alliiiiiiiiiiiii alliiiiiiiiiiiiiiiii” y, o vas, o llora. A veces llora más, a veces llora menos… Pero renegar siempre reniega. Y hoy, particularmente, ha sido de los días de llorar más. Quería jugar con una casita de muñecas de madera que tenemos (la que saca Lidl todos los años) que estaba como a unos 30cm de donde yo estaba sentada. Pues no, tenía que estar yo pegada a la casita. Se me ha ocurrido la idea de, mientras jugaba, pues leer yo un libro de los que tengo a medias. Pues no, tampoco valía. tengo que estar mirándola, sin poder hacer yo otra cosa.

Bueno… Aguantamos el rato de juegos. A media mañana o así ha llegado el repartidor de Correos con un pedido que hice en AliExpress. He comprado unas tarjetas de visita de madera para hacer la caja de color número 1 de Montessori (ya la hice con papel de 80gr y goma EVA pero no han aguantado demasiado…). Le pregunto a Valentina: “cielo, ¿quieres que salgamos a la calle a jugar o nos quedamos pintando?”. Ha preferido pintar. Preparo la mesa de la cocina con papel para que no manche, con las pinturas repartidas en hueveras para que ella las vaya cogiendo, un pincel para ella, otro para mí, una lámina de cartulina blanca para ella, las tarjetas de madera para mí. Y allá que vamos.

El rato de pintura sin llantos ha sido alrededor de unos 15 minutos, rato que yo he aprovechado para pintar las tarjetas como un rayo… Pasado ese tiempo, ya no quería estar allí, quería que la cogiera, me ha pintado el pelo, el pijama, el suelo… En fin, cosas que pasan cuando se pinta. Ya cuando la bajo y me pongo a lavarle las manos y la cara (porque últimamente también le gusta pintarse hasta los dientes) se ha puesto a llorar, no le cuadraba nada y yo cada vez más nerviosa.

Me pide que le ponga Caillou. Se lo pongo en la televisión y pienso “voy a aprovechar para hacer la comida”. Error. En cuanto he salido del salón se ha venido detrás, se ha enganchado a mi pierna y otra vez a llorar. Y ya viendo que hoy no iba ni a comer, pues lo he dejado, me he ido al salón con ella y como he podido le he mandado un mensaje a su padre diciéndole que si quería comer, o traía comida de fuera o nos íbamos a una bocatería que hay cerca de casa. Y así hemos hecho. Hemos salido. La niña ha desfogado, su padre me ha echado un cable y yo me he podido tranquilizar.

Sí que es cierto que hoy he sabido aguantar el tipo, no gritarle ni enfadarme con ella. Pero hay días que eso se hace complicado y al final acabamos las dos llorando. Estar las 24 horas del día con niños es muy complicado, incluso cuando son tuyos. Quiero pensar (y estoy segura de que es así) que es una etapa más, que más pronto que tarde empezará a ser más independiente, a poder estar en un cuarto sola sin necesidad de estar agarrada a mi pierna (o a mi pecho), y que recordaré estos días incluso con nostalgia.

Ser madre es muy difícil. Ser madre es muy agotador. Y además ser madre te convierte en la persona más criticada del planeta (disonancia cognitiva, post pendiente). Pero luego la miras, como está ahora mismo, tranquila y serena, durmiendo, o te echa una sonrisa y una mirada tan sincera y profunda, llena de amor, que se te olvida todo. Todo. Entonces es cuando ser madre se convierte en lo mejor que has hecho en tu vida y ya no puedes entender cómo has podido vivir tantos años sin esa personita que te permitió durante 9 meses (8 en mi caso) tener dos corazones latiendo dentro de tí.

POSDATA: la caja de color número 1 la he hecho siguiendo el DIY de Bei, de Trigiteando. Podéis verlo aquí. Os dejo algunas fotos del proceso y cómo han quedado:

Tal y como llega el paquete
Puedes comprarlas aquí
Proceso y resultado final

Sin escuela – Laura Mascaró

Hace algún tiempo, creo que por casualidad, di con una youtuber llamada Laura Mascaró. Laura es una abogada que hace unschooling con sus dos hijos, principalmente con el mayor, que con 12 años nunca ha estado escolarizado. Laura está especializada en asesoramiento a familias homeschooler, ha escrito y dirigido el documental “Educación a la carta (la revolución pendiente)” y es presidenta y socia fundadora de la asociación nacional “Plataforma por la Libertad Educativa”.

A través de ella empecé a descubrir qué era eso del homeschooling y unschooling. Pero sin duda el vídeo que más me impactó fue uno en el que explicaba a su hijo qué era una raíz cuadrada. Yo, con todos mis años de estudio de cálculo, matemáticas, álgebra, geometría… no tenía ni idea de qué era una raíz cuadrada. Y cuando lo vi en su vídeo he de reconocer que me tocó el corazoncito. ¿En serio podía ser que con la cantidad de horas que le he dedicado a lo largo de mi vida a las matemáticas no supiera algo tan simple como qué es una raíz cuadrada? Siempre he reconocido que ya no recordaba hacer a mano raíces cuadradas (¿alguien se acuerda?) pero no saber qué es, el concepto en sí… Y, como con Montessori, pues empecé a leer y a leer.

Hace unos días, por su cumpleaños si no me equivoco, puso de manera gratuita en Amazon su libro “Sin Escuela”, disponible únicamente en formato digital. Y allí que fui yo a descargarlo de inmediato.

El libro es simplemente genial. Comienza con un poco de historia de cómo surge el movimiento homeschooler, lo cuál viene muy bien para una novata como yo. Con ello empiezas a entender un poco por qué surge todo esto que parece muy nuevo, muy moderno, pero que de moderno nada de nada… Así, enlaza perfectamente con la actual escuela tradicional, de cómo sigue estando vigente un sistema de educación procedente de la revolución industrial y que no ha sufrido ni un ápice de adaptación a los tiempos actuales.

Una vez puestos en situación, ya empieza a hablar del unschooling. Qué es, cómo surge, todas sus vertientes y la gran ventaja que tiene: la flexibilidad. Pero la parte que más me ha gustado es, sin duda, toda la de desescolarización interior, como los adultos que venimos de esa escuela tradicional nos vamos cuestionando todo y cómo nos vamos “convirtiendo” en adultos desescolarizados, adultos que no se rigen por un horario escolar, que no sienten la necesidad de saber todo de todo y que confiamos en el poder de nuestros hijos. En ese sentido, yo me siento muy identificada con muchas cosas de las que dice la autora. Pero también sigo siendo muy novata. Tengo que aprender mucho, y me alegro que este haya sido el primer libro sobre unschooling con el que me he topado.

Como siempre, los “peros”… son los que más se temen. Cuando se desconoce algo se tiende a temer de ello. Y muchas personas, además, lo critican muy duramente. Me encanta como Laura resume a la perfección esos grandes temores en 4 objeciones principales: conciliación vida familiar y laboral, capacitación de los padres para educar a sus hijos, socialización y, por último, legalidad. A cada una de esas objeciones la autora dedica un capítulo específico. Y a cuál más genial.

Si tuviera que ponerle alguna pega al libro sería que solo esté en formato digital 😀 Y os lo dice una ingeniera informática jeje. Creo que es uno de esos libros que me hubiera gustado subrayar e incluso oler cada una de sus páginas. Aunque kindle te permite subrayar lo que quieras, como que no es lo mismo. Además con este libro me ha pasado que me ha gustado tanto la manera de redactarlo como su contenido que una vez empecé a leerlo, no pude parar, y ni siquiera me acorde de “subrayar” nada. Eso quiere decir que volveré a leerlo, posiblemente varias veces, sobre todo cuando me empiecen a surgir dudas o cuando alguien cuestione tanto nuestra decisión personal de, de momento, no escolarizar a Valentina.

Me quedo con una frase que creo que resume muy claramente lo que es tener alma de unschooler:

“Poner condiciones al amor no es amar”
Laura Mascaró – Sin Escuela

Navidad y Reyes Magos

En casa no somos ni católicos ni creyentes. No profesamos ninguna religión ni creemos en ellas. A pesar de que mucha gente opina que la religión, en concreto la católica, puede aportar buenos valores a los niños, nosotros consideramos que aportar buenos valores no tiene por qué ir ligado de educar en una religión.

Tanto mi “marinovio” como yo nos hemos criado en el seno de familias católicas, hemos hecho la comunión y yo incluso estoy confirmada. Pero al llegar a la edad adulta nos hemos dado cuenta de que no estábamos de acuerdo en la mayoría de las cosas que se profesan, por lo que decidimos desvincularnos de ella. Incluso yo he estado muy vinculada a la Semana Santa de Lorca, que es nuestra gran fiesta y está declarada de interés turístico internacional. Sin embargo, al ser mamá, me he planteado tantísimas cosas que creo que ese tema merece un estudio más concreto sobre qué queremos para nuestra hija.

En particular, este año, dado que Valentina ya es algo más grande (bueno, si 21 meses se considera grande 🙂 ), es cuando de verdad nos hemos planteado qué hacer con la Navidad y los Reyes Magos.

De momento, tenemos muchas dudas. Por un lado, no queremos mentir (aunque sea piadosamente) a nuestra hija. Además de que nos parecen unas fechas de excesos tremendos: comidas por doquier, regalos excesivos… Pero por otro lado, parece que te da un poco de cosilla no hacerla partícipe de días tan mágicos. Y por supuesto, que vivimos en un país con muchísima tradición en ese sentido y, aunque no estés de acuerdo con ello, también quieres que tu hija viva en sociedad…

Lo cierto es que es un tema bastante peliagudo. Si ya es difícil lidiar con familia y amigos sobre el tema de la educación, imaginad con el tema de la religión… Mi abuelo siempre me decía que si no quería problemas, no hablara ni de política ni de religión jeje (te quiero Paye, te echo de menos). Además se suma que a mí en particular no me gustan naaaaaaaaada de naaaaaaaaada estas fechas. Así que juntamos el hambre con las ganas de comer…

Este año, con todas nuestras dudas, hemos celebrado la navidad como siempre. Lo que viene siendo de libro: árbol de navidad, comidas y cenas, cabalgata de reyes y regalos de más.

Por nuestra parte hemos regalado a Valentina únicamente regalos educativos. Este año le ha tocado el arco iris Waldorf, unos nins que pinté a juego con los colores del arco iris, y un libro pop-up que nos tiene alucinados: “Alice’s Adventures in Wonderland” de Robert Sabuda

Arco iris Waldorf aquí
Nins de Tiger
Alice’s Adventures in Wonderland
Podéis ver un vídeo del libro aquí

Yo pedí libros sobre pedagogías y educación, y me llegaron “Aprender a vivir con niños” de Rebeca Wild, y “Cómo educar niños maravillosos con el método Montessori” de Tim Seldin. Y para mi marinovio ropa de invierno, que siempre le viene bien. En nuestro caso han sido reyes algo austeros, pero dado nuestros sentimientos encontrados y que también este año en particular yo me encuentro en una situación laboral muy complicada (ya van 4 meses sin cobrar -paro a ver si llegas pronto…) pues es lo que tocaba. La familia por supuesto ha regalado todo lo que ha querido, y así nos gusta que sea. Si yo no estoy de acuerdo con la navidad y los reyes, por supuesto no voy a hacer que todo el mundo piense igual que yo. Para ellos es algo mágico y con mucha ilusión preparan todas estas fechas. Y eso se nota y nos gustará siempre, sea ligado a la religión o sea simplemente por querer estar con su familia.

Valentina todavía no se da cuenta de lo que pasa. A pesar de haber ido a ver la cabalgata y demás, pues para ella no es más que un espectáculo de luces, colores y música, pero le da igual que sean reyes magos o carnavales…

Creo que una buena manera de enfocarlo sería como unas fechas en las que la gente se demuestra más que nunca lo que se quieren, juntándose para estar en familia (incluso a pesar de las distancias) y haciéndose regalos para demostrar ese afecto. La verdad es que aún no hemos decidido al 100% cómo afrontar este tema, pero creo que para el próximo año ya deberíamos tener una idea clara de qué hacer. Tenemos un año entero para pensarlo.

¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Sois de los que seguís la tradición, pese a todo, hasta que llegue el día en que vuestros peques ya pierdan esa inocencia? ¿O por el contrario os planteáis también otras maneras de vivir estas fechas? Nos encantaría tener más visiones. La diversidad es lo que nos engrandece como seres humanos.

Bienvenida y por qués

¡Hola! Mi nombre es Iria y soy la mamá de una niña preciosa de 21 meses llamada Valentina. Nos conocimos un 20 de Marzo de 2015, prácticamente por sorpresa, puesto que la esperábamos para el 19 de Abril. Fue amor a primera vista. ¿Quién no ha sentido algo así al conocer a sus propios hijos?

¿Cuántas cosas te dicen o te advierten cuando vas a ser madre/padre? Uff…. Lo que no te dicen en cuánto puedes llegar a aprender de tus hijos. Lo que nos enseñan. Cuántos “yo creí qué…” y cuántos “yo nunca…” te acabas comiendo con patatas…

Yo creí que sería bueno que mi hija, al terminar la baja por maternidad, que fuera a la guardería. Aprendería cosas, se inmunizaría… He de decir que nosotros hicimos la matrícula en una guarde que nos gustaba antes de que naciera. Cuándo llegó el día de llevarla a la guarde nos dio tanta pena que al final decidimos, por lo menos el primer año, que se quedara con su abuela mientras sus papis trabajaban.

Claro que una pena horrible es la que sientes cuando, con tan solo 16 semanas de vida, te dicen que tu hijo ya es suficientemente grande como para no necesitar a su madre… Y te incorporas al trabajo. Los compis te saludan, se alegran de verte, y las mamis del trabajo te miran y te dicen “hoy no es tu mejor día ¿verdad?”

La lactancia, que yo tenía muy muy claro que quería para mi hija desde mucho antes de que naciera, se hace durísima. Primero, al ser prematura no sabía mamar, por lo que tuvimos que darle lactancia mixta con dedo-jeringa. Primera patata para mí (yo nunca le iba a dar biberón). Después toca incorporarse al trabajo y, aún siguiendo con mixta, empiezas a usar el sacaleches, con la intención de reducir dosis de artificial para darle solo natural. Maldito sacaleches, que mal nos llevamos. Apenas sacaba, y cada día mi hija quería más, y el sacaleches no sacaba la suficiente…

En tu corazón sabes que lo que hace falta es que estés con ella, las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Sabes que lo que ambas necesitáis es estar juntas. Pero… hay que trabajar.

Mis prioridades cambian por completo, y un trabajo que antes me apasionaba, pasa a un segundo (o tercer, o cuarto…) plano. Sólo quieres estar con la peque.

Empiezas a leer sobre crianza con apego. Lo que tu corazón te están diciendo a gritos tiene nombre. No eres la única que se siente así. Y lees. Y lees más…

Un día, en la oficina, una compañera habla de posibles colegios para su hijo. Y se menciona la palabra Montessori. – ¿Qué es eso? – Una pedagogía que respeta los ritmos de los niños, los dejan aprender solos – Ale, libre albedrío, que aprendan, y si no, que no aprendan…. Pobre ignorancia la mía (a esto se le llama Disonancia Cognitiva, y le dedicaré un post más extenso)

Me pica la curiosidad y empiezo a leer, y a leer más y más. Descubro varios blogs, hago cursos online y me empapo de, no una pedagogía, sino de una filosofía de vida. Vaya. Algo que siempre has sabido, el fracaso de la educación tradicional. Y algo que sabrías que no querrías para tus hijos. Y vuelve a tener un nombre. Y no eres la única que cree que hay más opciones. Y devoras libros y post y ves documentales sobre pedagogías alternativas, educación activa… Y te encanta.

Bueno, y en Lorca ¿hay algo relacionado con Montessori o educación activa? Nada. Ni una guarde, ni ludoteca, ni mucho menos colegios…

Y vuelve a llegar el día de llevar a Valentina a la guardería. Piensas: bueno, que vaya dos o tres horitas, que juegue con niños, le vendrá bien. Y coges días de vacaciones para hacer el periodo de adaptación. Pero oh! en esa guarde con más de 30 años de experiencia que creías que sería buena para tu hija no hay periodo de adaptación. Bueno, realmente sí hay. Ellos llaman periodo de adaptación a dejar pocas horas los primeros días a la niña. Hoy una horita, mañana hora y media, y así poco a poco hasta completar las horas contratadas. Día 0, minuto 0. Entramos a la guardería y Valentina se agarra a mi pierna. No quiere estar allí. Algo se huele. Y yo, con el corazón roto, empiezo a llorar. Pero bueno, todo el mundo te dice que es lo mejor para ella, que es normal que llore, que tiene que llorar, que no pasa nada si los niños lloran. Y mi corazón diciendo que eso no está bien, que Valentina está sufriendo. Y mi cabeza diciendo que es normal, que no le pasa nada, que le vendrá bien… Le pedimos a la guarde entrar con ella a la clase, quedarnos un rato, hasta que ella vea que es un sitio seguro. Pero no nos dejan. Sus 30 años de experiencia nos aconsejan que lo mejor es dejarla atada a la silleta y dársela a ellas lo más rápido posible, y que salgamos sin despedirnos… Al tercer día de llantos al entrar, al salir, y durante las horas que pasaba allí, decidimos sacarla y que volviera con su abuela.

Es sorprendente ver como hay gente que trabaja igual ahora que hace 30 años. Si yo hiciera eso, no tendría trabajo. Seguro.

Aún estando con su abuela, sabiendo que estaba bien, yo sabía que ella con quien mejor estaba era conmigo. Pero… hay que trabajar.

La empresa donde trabajo empieza a fallar en los pagos. Algo va mal. Compañeros de otras áreas dejan de cobrar nóminas. Y un día te llega a ti el turno. “No podemos pagar las nóminas. Vamos a hacer un ERE por cese de actividad”. Vaya putada ¿verdad? Te vas a un abogado, te informas de qué puedes hacer y qué no, y tomas una decisión. Algunos compañeros tienen serios problemas para pagar alquileres, hipotecas… Y bueno, tu sobrevives tirando de ahorros, que sabes que un día (más pronto que tarde) se van a acabar. Y llega el día en que por fin te despiden y puedes cobrar el paro. Menos mal, algo de dinero va a entrar en casa.

Y ahí es cuando yo veo una auténtica ventana abierta. Por fin puedo estar con mi hija todo el tiempo que yo quería. Puedo aplicar más Montessori con ella, puedo hacer muchas cosas de estimulación, puedo levantarme por la mañana dándole besos y abrazos sin prisa ninguna…

Y empiezo a informarme sobre homeschooling (o unschooling más bien). Algo que ahora puedo hacer con ella por fin.

Y me digo a mí misma: “en Lorca no hay nada al respecto. ¿Por qué no montar una asociación?” Me muevo y conozco más gente interesada, con la que creamos la asociación “Crespillos para la Paz”.

Pero no es suficiente. Siento la necesidad de compartir todas mis experiencias, mis dudas, mis inquietudes… y recopilarlas para que la gente pueda ver que hay muchas formas de criar a un hijo. Sólo hay que quererlo de verdad, querer cambiar las cosas.

Y, así, llegamos a este blog. En él compartiré mi día a día, cómo nos organizamos, qué hacemos, qué alternativas hay… Y quizás alguien llegue a este blog y también vea que lo que siempre le ha dicho su corazón tiene nombre. Y que no están solos.

Espero poder ayudar a toda esa gente.

Empezamos