Y llegó la Semana Santa…

…y con ella el nuevo dilema moral sobre si seguir las tradiciones cristianas en las que vivimos o seguir nuestra filosofía «sin religiones».

No sé si conocéis la Semana Santa de Lorca. Es muy muy distinta a cualquier otra del mundo. Y no lo digo como lorquina enamorada de sus fiestas, que también, sino porque es realmente diferente. Os dejo el enlace a la web oficial de la Semana Santa de Lorca y un increíble vídeo promocional para que veáis de lo que os hablo.

Bueno, a modo de resumen, existen dos cofradías principales en la ciudad: Paso Blanco y Paso Azul. Y una clara rivalidad entre ellas. Para que os hagáis una idea, es algo así como un Madrid – Barça. Y por supuesto, todos los lorquinos desde que nacemos somos «instruidos» en una de las cofradías. Así es como, generación tras generación, se mantiene esta increíble Semana Santa.

En casa yo soy Blanca y mi marinovio Azul, así que cuando fuimos papis tuvimos nuestro pequeño gran dilema 🙂 Yo he participado muchos años en la procesión como portapasos de un trono y muy activamente en el Paso Blanco. Sin embargo su padre, nacido en Cartagena, aunque Azul, no ha vivido tan fervientemente esta devoción por la Semana Santa. Valentina nació unos días antes de Semana Santa y yo, con 14 puntos de la cesárea y con un bebé prematuro en brazos, pues aunque quería que fuera blanca, como que no tenía ni ganas ni fuerzas ese año para pelearme por ello. Pero su padre, viendo el panorama que teníamos en casa, con un bebé de alta demanda que no sabía mamar, una mamá empeñada en dar pecho y llorando por no poder hacerlo, dio su empujoncito y le compró un pañuelo blanco. Así que se quedó como blanca.

Ya sabéis que en casa no somos católicos. Y diréis «sin ser católicos y con tanta pasión por su Semana Santa, algo no cuadra» ¿verdad? Yo, a día de hoy, tampoco me lo explico. Es algo que se nos inculca desde recién nacidos. Todos los lorquinos somos o blancos o azules. Y se convierte en algo totalmente irracional e incomprensible para alguien que no es de Lorca.

Y así ha pasado también con Valentina. Ella es blanca y hacemos muchas actividades con la cofradía. Entre ellas, vestirnos de hebreas el Domingo de Ramos o ver las recogidas de sus banderas. Este año se da más cuenta de las cosas y da mucho gusto ver cómo le brillan los ojos al ver los caballos o las trompetas y tambores (no porque sean de un paso o de otro, de hecho, como que eso le da bastante igual jeje) Pero le gusta la fiesta.

Sin embargo, me lo estoy tomando bastante más relajado de lo que esperaba. Como con tantas cosas, la maternidad me ha cambiado también la forma de ver la Semana Santa. Sí que es verdad que le cantó las canciones del Paso Blanco y le enseño a gritarle los vívares, pero nada de rivalidad entre pasos. Intento seguir con los principios de una crianza respetuosa y le explico cosas de ambos pasos. Hemos visto ambas iglesias, las imágenes religiosas y los bordados. Y ella pregunta mucho «¿Ese quién es?» o «¿Qué es eso?» y nosotros procuramos darle una respuesta adecuada a su edad y respetuosa, sin inculcar rivalidad. Es complicado, porque todo lorquino siente esa rivalidad entre pasos y eso se nota en el ambiente, pero para mí, a día de hoy, y como con tantas otras cosas, las prioridades han cambiado. Y prefiero dedicar mis fuerzas a que no exista en ella rivalidad ni confrontación y sí respeto y empatía. Lo mejor de todo es que hemos coincidido en Lorca con otras familias que comparten nuestro estilo de crianza y que, además, son del paso contrario. Así que aunque entre los adultos sigue habiendo ese «pique», en nuestros hijos no existe. Sólo hay respeto. Y eso es algo maravilloso.

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Sobrevivir

Qué bonita es la primavera. Sobre todo lo que se conoce como entretiempo: ese tiempo que te hielas por las mañanas y a medio día te cueces. Ese tiempo en el que te vistes por capas, que al final o te acaban sobrando y te faltan. Es precioso, ¿verdad? Y, por supuesto, todo lo que conlleva ese entretiempo: alergias, catarros, gripes… Y ya, si encima de todo, le añadimos coger todas esas cosas toda la familia a la vez… eso es ya la repera eh? 😉

Por si no lo habéis notado, estoy en plan irónico 🙂 Y es que desde que soy mamá recuperarme de cualquier simple catarro es como una odisea. De siempre he sido una persona que he tendido a enfermar con bastante frecuencia. Nada grave, todo catarros, faringitis y cosas así, pero con demasiada frecuencia. Normalmente en dos o tres días estaba solucionado. Pero claro, no sabía lo que influía el descanso en esa recuperación. Al ser mamá la palabra «descanso» como que no existe demasiado.

Sin embargo, y a pesar de que creía que lo peor era ponerse enferma siendo mamá, una vez más la vida me da una nueva lección. Si ya no puedes con tu cuerpo enfermo y con una niña pequeña con las pilas a tope, vamos a sumarle el que tanto ella como su padre también enfermen. Los tres hemos estado enfermos, a la vez, durante ¡¡¡tres semanas!!!

Empezó la peque con diarrea a lo que luego se le sumó faringitis. A los tres días caí yo, con un catarrazo de esos de campeonato. Y su padre, que también se sentía algo mal esos mismos días, cuando ya parecía que Valentina y yo sacábamos la cabeza (sobre todo la peque que tiene una capacidad de recuperación increíble), llega su fiebre y su dolor de huesos. Total, 3 semanas completas de virus rondando por casa. Y yo venga a abrir ventanas para que se fueran 🙂 🙂 🙂 ¿No me digáis que eso no es sobrevivir?

Han sido unos días de abusos de iPad y Frozen, y yo viendo Stranger Things y Designated Survivor, episodio tras episodio. No me molesta que la peque use el iPad o vea películas. De hecho creo que aprende también mucho con eso. Pero siempre con moderación. Y estas tres semanas, no ha habido moderación ninguna. Solo supervivencia. Tuvimos que recurrir a la abuela para que por lo menos pudiéramos comer un par de días. Que, por cierto, también ha caído la pobre…

Me encanta el buen tiempo. Me encanta el calor, el verano. Me encanta Olaf 😉 Pero esto del entretiempo nos mata… Y con niños no hay posibilidad de descanso. ¿Cómo lo lleváis vosotros? Todo truco de supervivencia se agradece 😀

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Nuestros regalos de cumpleaños

Poco queda decir que no sepamos ya sobre la cantidad de regalos que reciben nuestros hijos en fechas señaladas como suelen ser los cumpleaños. Al final siempre acaban teniendo cosas de más. Es normal, es la manera en la que nos han enseñado a todos para mostrar el cariño y el afecto que tenemos hacia el cumpleañero.

Nosotros somos de los que pensamos que, a pesar de que son demasiadas cosas, preferimos que cada personas haga los regalos que quiera y considere oportuno pues, como he dicho antes, es su manera de demostrar afecto. Y eso siempre lo vamos a agradecer.

Valentina ha tenido en su segundo cumpleaños regalos de todo tipo: ropa, juguetes y hasta un geoplano DIY 😀 😀 😀 Pero por parte de sus papis, que nos gustan tanto los materiales y juguetes educativos, aprovechamos y procuramos hacerle ese tipo de regalos (aunque también le han caído unas zapatillas de Peppa Pig con luces eh? jejeje)

Estos son los juguetes que le hemos regalado nosotros:

Bloques lógicos aquí
Cuento para leer a oscuras aquí
Safari Ltd. de animales de granja aquí
Reloj mágico de líquido sensorial
Aros metálicos de colores con varita imantada
Mosaicos transparentes
Prismas traslúcidos
Todo aquí

Los bloques lógicos son geniales. Tiene una calidad estupenda y desde luego a Valentina le han encantado y en apenas unos minutos supo las cuatro formas geométricas básicas: círculo, cuadrado, triángulo y rectángulo. Además, para las construcciones son geniales.

La serie de «Cuentos para leer a oscuras» de la editorial Anaya es preciosa. Son cuentos con textos muy cortos y con imágenes que se iluminan en la oscuridad. Eso sí, antes tienes que «recargar» esas imágenes con un foco de luz. Nosotros lo que hacemos es que, con la habitación a oscuras, leemos el texto con la linterna del móvil enfocando las páginas. Le damos un poco de historieta y aguantamos así un par de minutos. Luego escondemos el móvil bajo las sábanas y… ¡magia! Aparecen los dibujos en la oscuridad. También viene con un montón de pegatinas de estrellitas y lunas para pegar en el techo del dormitorio, de las que también se iluminan de noche. A la peque le encanta el cuento y antes de acabarlo ya está roque jeje

Los toobs de Safari Ltd me encantan para trabajar el vocabulario con las tarjetas tres partes y, en un futuro, para el inicio de la lectura. Además, le hice las tarjetas tres partes de varios toobs y las usa en su aula Montessori

El resto de regalos son todos para la mesa de luz, de la página Jugar Contigo que tiene mogollón de materiales y a muy buenos precios (el arco iris Waldorf también lo compramos de esa página). El reloj de líquido azul es teóricamente para una futura mesa de paz, para ayudar a la relajación. Aunque ahora mismo Valentina se dedica a decir continuamente «se cae el azul» conforme va bajando el líquido 😀

Los aros de colores con borde metálico y la varita imantada han sido un acierto total. Le encanta esparcir los aros por la mesa de luz e ir recogiéndolos con la varita con imán. Así puede estar por lo menos 30′

Los prismas traslúcidos son geniales para hacer mandalas. Son unos 100 triángulos pequeñitos de colores transparentes que se pueden ir combinando en una bandejita que llevan para hacer mandalas. Viene acompañado de un mini libro con varios ejemplos de mandalas. Aunque ya sabéis, imaginación al poder 😀

Los mosaicos transparentes son un montón de piezas con formas geométricas de distintos colores, para reforzar esos conceptos geométricos junto con los bloques lógicos.

Y hasta aquí por parte de los papis. Luego le han regalado montón de ropa, legos, un geoplano hecho por mi padre, plastilina, un carrito con su bebé, puzzles, resaques de plástico… En fin, muchísimas cosas. Y ella pues os podréis imaginar, encantada de la vida jeje. Ya se los he repartido por el aula y «dosificado» para que los vaya disfrutando poquito a poco.

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Actividades Unschooling – Campito bueno y barbacoa

Una de las actividades que teníamos pensado hacer hace tiempo era una jornada de huerto. Unos amigos tienen casa en Purias y habían preparado un trocito de tierra para plantar. Pero hace unas semanas hizo muchísimo viento en Lorca y cayó un árbol encima de ese trocito de tierra que estropeó parte del huerto y de la valla de alrededor. Así que improvisamos un poco y, fieles a seguir con nuestras jornadas en familia, cambiamos día de huerto por día de barbacoa.

Vimos cabras, gallinas, pollos y hasta una granja de caracoles (aunque según los dueños es casi más un cementerio 😀 😀 :D)

La verdad es que creo que no te das cuenta de las ventajas que tiene el campo hasta que tienes niños. La libertad que les supone, las horas de exploración, juego y aprendizaje son infinitas… De momento, ya tenemos organizada la segunda jornada para hacer realmente la sesión de huerto 😀

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Dos años de aprendizaje continuo

Hace dos años que empezó mi aprendizaje. Llegaste de sorpresa, sin apenas avisar. Te esperábamos en Abril, pero decidiste inaugurar la primavera. Contigo llegó el sol a mi vida, la esperanza, el amor, el aprendizaje.

Me enseñaste tanto. Me enseñaste que la perfección existe. Me enseñaste lo que es la paciencia. Me enseñaste lo que es una verdadera mirada de amor.

Viniste perfecta al mundo, pese a ser prematura. A pesar de que no sabias mamar y de que yo estaba más que convencida de darte el pecho, hasta eso fue perfecto. Porque me enseñaste lo que el amor puede llegar a hacer. Nos costó nuestro tiempo conocerte, seguir tu ritmo y aprender juntas lo que es la lactancia en bebés prematuros, lo que es relactar, lo que es suplementar, lo que es dedo-jeringa…

Fuiste mi prueba de fuego. Tenías que venir así, tal cual viniste al mundo, tan perfecta y diminuta. Porque la mamá que te había tocado era la que necesitabas. Supimos juntas lo que es amar de verdad, lo que es pedir ayuda cuando la necesitas, lo que es vivir por y para ti.

Y hoy, después de estos 24 meses de amor ininterrumpido, no puedo más que darte las GRACIAS por lo que me das cada día. Me sigues enseñando tantísimas cosas. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Sólo tú haces que quiera ser mejor persona, que me esfuerce y que quiera aprender más y más para redimir los errores del pasado y cometer otros nuevos junto a ti.

Eres mi media naranja, mi costillita. Contigo llega la luz de la primavera, el calor, el abrazo, el beso, el amor. No hay nada que no pueda hacer si te tengo a mi lado.

GRACIAS VALENTINA. GRACIAS, GRACIAS Y MIL GRACIAS.

Actividades Unschooling – Action Painting!

En Lorca hemos coincidido varias familias con las mismas perspectivas sobre educación y hemos creado una pequeña tribu con la que organizamos pequeñas actividades y nos ayudamos mutuamente con el cuidado de los niños. No todas las familias son unschooling. Hay niños ya escolarizados, familias que se lo están pensando y familias que aún no están en edad de escolarizar. Pero compartimos muchas cosas en común, cosas importantes, y eso hace que hayamos empezado a criar en tribu de una manera muy linda.

Hace unos días hicimos una actividad en casa de una de las familias. Preparamos papel y pinturas y guarreamos un poco 😀

La verdad es que los niños se lo pasaron genial. Empiezan a hacer relaciones, a conocerse poco a poco y ya se les va notando. Valentina ya empieza a saber los nombres de algunos de ellos y a contarte qué tal ha pasado el día. Es genial.

Tras un poco de pintura y castillos de piedrecitas y arena, salimos a dar un pequeño paseo y conocimos una antigua guardería pública que hay por Purias y que actualmente está abandonada. El edificio tiene capacidad para dos aulas, unos aseos y una pequeña cocina. Pero lo mejor está en el exterior. Dispone de espacio para hacer muchas cosas interesantes: huerto, granja, juegos de psicomotricidad… Una muy buena pinta para posibles proyectos futuros 😉

Pronto haremos muchas mas actividades. Es genial haber encontrado esta pequeña tribu y sentir que hemos formado una pequeña familia es un verdadero placer. Gracias a todos, de verdad.

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III Foro «EDUCACIÓN Y EMOCIÓN» – Necesidades educativas para niños del siglo XXI

El pasado sábado día 4 de Marzo tuve la oportunidad de asistir en Totana al III Foro sobre Educación y Emoción que organiza el primer guía Montessori que conocí en mi vida, Pedro Valenzuela. He de reconocer que tuve mis dudas sobre si asistir o no, más que nada porque el programa era muy amplio y ocuparía todo el día. Y teniendo una niña pequeña, es difícil organizarse para poder asistir a eventos de este tipo. Pero al final, mi corazón pudo a mi razón jeje. El importe íntegro de las inscripciones irían destinadas para Open Arms para ayuda a los refugiados, y, sinceramente, es un tema que me toca mucho el corazón, así que finalmente me decidí por ir. Y cuanto me alegro de haber tomado esa decisión. Salvo causa de fuerza mayor, espero poder asistir a todos los siguientes foros que organice Pedro 😀

El foro comenzó con una base rítmica de la canción «The perfect life» de Moby, tocada por los alumnos de la academia «Totana suena» y acompañada por una serie de imágenes de la tremenda labor que organiza Proactiva Open Arms y que emocionó a todo el auditorio. No puedo llegar a entender como somos capaces de dejar que este tipo de cosas pasen en el siglo XXI. Los refugiados, gente, personas, SERES HUMANOS, que lo único que quieren es huir de la guerra, como haríamos cualquiera de nosotros, y que los tratemos como salvajes, como terroristas que quieren entrar en nuestros países para asesinarnos… ¿Cómo hemos podido llegar a esas conclusiones? ¿Tan poco vale ya la vida de esos hombres, mujeres y niños? Y lo que es peor: le estamos dando a nuestros hijos el mensaje de los extranjeros son el enemigo, dignos de menospreciar y pisotear. ¿Qué futuro nos espera? De verdad que no puedo con estas cosas…

Después de esta pequeña reflexión y desahogo, paso a contaros quienes fueron los ponentes y cómo cada uno de ellos dejó su granito de arena en mi corazón y, sin saberlo, en la educación de mi hija.

El primer ponente fue Fernando Ripoll, licenciado en Arte Dramático por la ESAD de Murcia. Actor, director, autor y profesor de teatro. Formado en terapia Gestalt y con más de diez años de experiencia como profesor de teatro. Imparte programas de educación emocional para profesores, padres y alumnos de centros educativos por toda la Región de Murcia.

Fernando habla del teatro como medio para formar personas, dejandolas ser libres para hacer lo que quieren sin sentirse juzgadas. Así es como, con esta premisa, trabaja junto con niños, adolescentes y adultos en una escuela de teatro en Cehegín. Fernando usa una pedagogía totalmente activa con sus alumnos, dejando que sean ellos quienes deciden qué obra hacer, escriben sus propios textos, se encargan de todo el montaje, escenografía, luces, promoción, dirección… Él solo los guía pero son los propios alumnos quienes deciden. Así, «jugando» al teatro es como aprenden, cómo descubren que sus límites son sus propios medios, y aprovechando el error como parte del proceso de aprendizaje. Todos somos buenos en algo y es cuestión de saber potenciar esa cualidad y motivar a los alumnos para que saquen el máximo partido de aquello que mejor se les da hacer.

No se me va a olvidar nunca uno de sus alumnos que subió al escenario para interpretar parte de un texto de una obra que ellos mismos habían escrito. El texto trataba sobre cómo vivimos siempre pegados a unas «puertas de emergencia» que, en caso de que nos alejemos lo más mínimo de nuestra zona de confort, enseguida estamos queriendo salir por esas puertas para volver a esa comodidad que nos ofrece nuestra zona de confort. Sin embargo, los adolescentes, como pura emoción que son, quieren vivir lo más alejados de esas puertas de emergencia. Quieren experimentar, equivocarse, probar todo… Quieren vivir. Esto, amigos míos, lo han escrito chicos de entre 14 y 18 años. Los adolescentes tienen un mundo interior maravilloso que deberíamos dejar expresar sin enjuiciar.

La ponencia de Fernando Ripoll fue, cuanto menos, muy muy emocionante. Nos enseñó que el proceso de aprendizaje no se puede medir ni estandarizar, que cada individuo tiene su propio proceso de aprendizaje que debemos respetar y potenciar. Nos enseñó que el motor que nos lleva a conseguir lo que queremos no son los sueños ya realizados, sino los no conseguidos. Por eso nos anima a que nunca, nunca dejemos de soñar. Gracias Fernando.

Después de tener a todo el auditorio con la piel de gallina, Fernando dejó el listón muy alto a los siguientes ponentes 😀 Y, sin embargo, fueron todos sencillamente geniales. Tras él le tocó el turno a Jose Ángel Tudela, diplomado en Magisterio de Primaria y un referente en la Región de Murcia sobre el algoritmo ABN. Maestro de Primaria en el CEIP «Ricardo Codorníu» de Alhama de Murcia. Imparte cursos y charlas sobre ABN en centros educativos de la Región de Murcia. Creador y gestor de contenidos del blog ABN para todos. Autor del libro de matemáticas para primero «La pandilla de la rejilla».

Jose Ángel nos habló, en términos generales, sobre cómo funciona el algoritmo ABN para enseñar matemáticas. Para una informática como yo, he de decir que me encantó ver otra forma totalmente distinta para aprender mates. Había oído hablar sobre este método pero lo cierto es que no lo conocía apenas. Y, con apenas 45′ de charla, ya me conquistó. Se trata de una manera de enseñar matemáticas de un modo totalmente lúdico y eficiente. A través del juego, se enseña a los niños a adquirir una destreza mental matemática increíble. Nos mostró ejemplos sobre como hacer sumas y multiplicaciones con este algoritmo y cómo es tan abierto que permite distintas formas de hacer los cálculos para llegar siempre al mismo resultado. Nos mostró un ejemplo de cómo varios de sus alumnos habían resuelto una operación (creo que era una suma) y cómo uno de ellos, gracias a la agilidad mental que había adquirido, lo había resuelto de una manera cuanto menos «complicada» hasta para mí.

También nos mostró varios materiales totalmente DIY que había hecho para sus clases y que hacían que los niños aprendieran jugando. Y animó a todos los allí presentes a buscar qué es lo que realmente les gusta a los niños y aplicarlo en la enseñanza de algo tan abstracto como las matemáticas. Nos contó un ejemplo de un alumno que tuvo que no llegaba a entender el concepto de decena. Hasta que descubrió que lo que más le gustaba a ese chaval eran los Pokemon. Y así, a base de montoncitos de cromos de Pokemon, el chico consiguió saber qué era una decena. Ese es el verdadero trabajo que yo creo que debe realizar un docente. Buscar eso que más les gusta a cada niño y exprimirlo al 100% para enseñar cualquier materia, despertar una verdadera emoción en el niño y conseguir así un aprendizaje verdaderamente significativo.

Tras una pequeña pausa para el desayuno llegó el turno de Anna Forés, pedagoga y escritora. Doctora en Filosofía y Ciencias de la educación y Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Profesora de la facultad de educación de la Universidad de Barcelona. Apasionada por la educación y por la creencia firme del potencial de las personas. Sus áreas de trabajo en investigación son: la educación, la didáctica y la innovación en diferentes entornos de aprendizaje. Su conferencia se titulaba «Neuroemocionante: la neuroeducación, gran aliada».

Anna es autora de un blog en el que habla sobre educación y emoción muy interesante y que os animo a que echéis un vistazo. Podéis leerlo aquí. Nos habló sobre cómo reacciona el cerebro durante el aprendizaje y cómo a través de la emoción es cuando lo aprendido perdura en el tiempo. Nos habló sobre los estudios de John Hattie donde se comprueba que el elemento que más influye en el aprendizaje es la cooperación entre los profesores. Sin una coordinación adecuada entre claustro y equipo directivo, sin tener los mismos objetivos finales, el aprendizaje que se oferta a esos alumnos es prácticamente nulo.

A través de una evaluación inicial y unos objetivos y criterios de éxito, los docentes deben de conseguir despertar en sus alumnos la atención necesaria y activar su pensamiento crítico y creativo, y un trabajo cooperativo. Así, mediante estos elementos, es cuando realmente se llega a la parte del cerebro que implica la memorización real y se consigue el impacto deseado.

Existen muchos recursos para llegar a ese punto. El que más me gustó fue el aprendizaje-servicio: un tipo de aprendizaje basado en realizar un servicio comunitario y llevar lo aprendido al aula. Conseguimos así la motivación intrínseca del alumno en etapas tan altruistas como, por ejemplo, la adolescencia.

Después del descanso para la comida llegó el turno de las ponencias de los colegios que están implantando metodologías activas. Primero participó Fran García, profesor del CEIP La Atalaya, de Cartagena. Se trata de un centro público de reciente creación que se caracteriza por una línea pedagógica basada en proyectos de innovación educativa desarrollando distintos ámbitos del conocimiento: arte, ciencias, literatura, matemática… trabajando desde los intereses del alumnado para conseguir su desarrollo integral. Con metodología donde el niño es el protagonista de su aprendizaje, experimentando, vivenciando y fomentando el desarrollo de estrategias de aprendizaje para conseguir un pensamiento crítico y reflexivo.

En este centro el niño es el protagonista de su propio aprendizaje. El centro debe ser como un parque de atracciones donde el niño siempre quiera ir. Disponen de aulas para cada materia, con lo que llevan un paso más allá el aprendizaje por ambientes.

Fran nos recalcó lo que decía Anna Forés en su ponencia: es muy importante conocer a tus compañeros de trabajo y saber qué hacen en sus aulas. Sólo así se consigue una cooperación real entre el profesorado.

Durante su ponencia nos mostró alguno de los proyectos realizados íntegramente por los alumnos, en los que participan TODOS los alumnos del centro (indistintamente de la edad), el profesorado y las familias. Uno de ellos y que a mí, particularmente, me encantó fue uno sobre el cine en el que los niños organizaron cortometrajes y hasta una gala tipo «Los Goya» donde prepararon hasta el más mínimo detalle: entradas de cine, promoción con su alfombra roja y todo donde se exigía en la invitación ir de etiqueta. Me imagino a esos padres yendo al cole de sus hijos en esmoquin y traje de noche 😀 😀 😀 Tuvo que ser genial.

Fran quiso terminar su ponencia con una frase de William Shakespeare que nos hizo reflexionar a todos: «No se deja de jugar porque se envejece. Se envejece porque se deja de jugar».

Tras Fran, le tocó el turno al Colegio Peñas Blancas de Tallante (Cartagena). Es un proyecto desarrollado por un grupo de familias residentes en Cartagena y alrededores que han creado un colegio con una propuesta educativa innovadora, destinado a sus hijos y a los de otras familias interesadas en una educación activa y respetuosa con las necesidades de los intereses de los niños. El colegio está autorizado por Conserjería de Educación de la Región de Murcia como Centro Privado de Educación Infantil y Primaria.

Si ya el día había sido emotivo, la intervención de María Ángeles, una de las mamás cooperativistas del colegio, junto con tres niñas alumnas del mismo, fue… Con deciros que al llegar a casa me puse a hacer números y a buscar casas por Mazarrón para trasladarme allí y matricular a Valentina en ese colegio 🙂 🙂 🙂

La ponencia ya empezaba con muy buena pinta cuando eran niñas las que subían al escenario para explicar cómo era su colegio. María Ángeles nos fue explicando más o menos en qué consistía la educación que se daba en Peñas Blancas. Una educación basada en principios, con ambientes preparados y seguros tanto física como emocionalmente. Con la premisa de que el niño, desde el mismo momento de su nacimiento, es digno como persona y no una persona «en construcción», los padres, docentes y acompañantes que trabajan en el centro tratan de hacer una transferencia del vínculo de los niños con los padres hacia los maestros, sin la necesidad de ningún tipo de sufrimiento. Mientras hablaba nos iba mostrando imágenes del centro, de las distintas aulas y demás. Pero lo mejor es que, de vez en cuando, una de las niñas le decía algo al oído, o le pedía participar y la niña contaba algo, lo que ella quería, sobre su cole y su experiencia en él. Sólo con la manera en que María Ángeles trataba a esas niñas, sólo con los gestos o cómo les hablaba, sólo con esos pequeños detalles, sabías que el colegio era realmente muy muy diferente a cualquier otro colegio que hayamos podido conocer.

Una de las niñas, la más pequeña, con tan solo 5 años, quiso también participar y dijo una cosa que a mí me llegó muy dentro y que, aún hoy, mientras la recuerdo, se me saltan las lágrimas. Dijo que cuando se sentían tristes, el acompañante que estaba con ellos (porque las niñas nunca hablaron de maestros, sino de acompañantes) se quedaba a solas con ellos y les ayudaba a sentirse bien y a entender esa tristeza. Repito, tiene 5 años. ¿Sabéis la cantidad de educación emocional que se tiene que respirar en ese colegio para que una niña de tan solo 5 años y que podría hablar de cualquier otra cosa del colegio, lo que se le ocurre decir es qué pasa cuando están tristes? Eso es lo que yo quiero para mi hija. La tan descuidada y necesaria educación emocional.

Para finalizar un día lleno de emociones a flor de piel, lágrimas y aprendizaje, mucho aprendizaje, intervinieron el grupo de humoristas científicos «The Big Van – Científicos sobre ruedas» que nos hicieron reír a carcajadas y poner el broche final a una jornada maravillosa sobre educación.

Tras este post tan extenso (2500 palabras), al final se puede sacar un resumen de todo ello. Y es que sin emoción no hay educación. Por favor, padres, madres, docentes… trabajemos por y para emocionar a nuestros hijos. Ellos son el futuro.

Eva Hache y su visión de la educación

El pasado domingo, en el canal Cuatro, se emitió un programa sobre educación presentado por Risto Mejide. Se trata de un programa de entrevistas donde, en esta ocasión, se entrevistaron a Esperanza Aguirre (por su pasado como Ministra de Educación), Eva Hache (humorista muy conocida en España) y César Bona (maestro finalista del Global Teacher Prize en 2014).

Realmente no iba a escribir nada sobre el programa. Lo vi junto a mi pareja, hicimos nuestro pequeño debate y poco más. Pero durante esta semana se han publicado varios artículos en prensa digital (que es la que yo leo) a raíz de un comentario en concreto que hizo Eva Hache: «mis hijos no hacen deberes porque hemos amenazado a sus maestros». Os cuento, a grosso modo, lo que fueron cada una de las entrevistas.

Con Esperanza Aguirre básicamente lo que se hizo fue meterle caña como representante de un partido de derechas, siendo la cadena claramente de izquierdas. Dijera lo que dijera ella, ahí estaba Risto para ponerle mil peros. Y que conste que no es precisamente de mi agrado esa mujer. Durante su entrevista hubo una pequeña intervención de la directora de una escuela libre. Para mí, el paso de Esperanza Aguirre por el programa fue sin pena ni gloria.

La entrevista a César Bona fue la última. Era la primera vez que lo escuchaba hablar y la verdad que, en términos generales, me gustó bastante. Un poco light quizás para mi gusto, pero muy correcto y muy acertado en sus comentarios. Intervino una adolescente que había sufrido bullying y que nos dio a todos una buena lección de superación.

Llegó el turno de Eva Hache. Ella habló de otros tipos de educación muy distintas a la tradicional y que, por supuesto, a nosotros nos encantan. Habló desde el sentido común y razonando cada una de sus argumentaciones. Hubo dos pequeñas intervenciones, una de la chica al frente del club de Malasmadres, y otra de un señor catedrático en Matemáticas muy defensor de la enseñanza tradicional.

Bueno, por supuesto, la entrevista a Eva fue la que más me gustó puesto que es muy acorde a la visión que en mi pequeña familia tenemos sobre cómo educar a Valentina. Hubo un momento en el que hablaban del tan polémico tema del exceso de deberes a los niños y, entre risas, Eva dijo que sus hijos no hacían deberes porque habían amenazado a los profesores con que no los harían. Dijo muchísimas otras cosas, pero esa es la que ha generado la polémica.

Partamos de la base de la cadena que emite la entrevista y el presentador del programa. Grupo Mediaset, el mismo del Sálvame, por si alguien no lo sabe. Presentado por Risto Mejide, famoso por sus comentarios insultantes y agresivos en pasadas ediciones de OT. Y, para más inri, es la propia cadena quien suelta ese titular, generando la polémica a la que ya nos tiene más que acostumbrados. Además, el formato en sí del programa es muy muy sensacionalista: los cambios rápidos de cámara, la música elegida, los cortes de plano… Si miras con ojo crítico sabes que no están debatiendo sobre educación, están haciendo prensa rosa.

Nadie ha hablado de ese señor del Pleistoceno, catedrático en Matemáticas, que para defender sus argumentos frente a la educación tradicional insultaba y menospreciaba a quien opinara lo contrario a él (cosa muy común, ya sabéis, disonancia cognitiva…). Nadie se cuestiona la intervención de la chica de Malasmadres que, sinceramente, aunque me gusta lo que dice y la sigo en Facebook, no entiendo muy bien a qué venía su intervención. No le encuentro el sentido… Hubiera tenido más sentido que interviniera la chica de la escuela libre en el tiempo de Eva, no de Esperanza Aguirre.

Lo que sí se cuestiona la gente es para qué entrevistan a Eva si no es experta en educación. Pero luego bien que dicen que son los padres los que deben educar. A ver, ¿en qué quedamos? ¿Pintamos algo los padres en la educación de nuestros hijos o no pintamos nada? Eva acudió en calidad de madre. Pero claro, como madre no tiene ni idea de educación ¿verdad? Eso sí, que se encargue ella de educar a sus hijos que en la escuela solo se encargan de enseñar contenidos… Ainssss…

En fin, que como programa en general, una castaña la verdad. No soy fan ni de Risto, ni de la cadena, ni del grupo televisivo, ni de la televisión en general. Pero así no se puede tomar en serio entrevistas sobre educación con ese afán tan sensacionalista. Sin embargo, sí me gustaron los entrevistados y lo que dijeron, sobre todo Eva Hache que, desde aquí te digo que eres mucho más experta que la gran mayoría de los que presumen de expertos. El día que esas personas traten a los niños como personas, sólo con eso, ya habrán aprendido mucho más que en todos sus años de experiencia.

Lo que de verdad se aprende con el método Montessori

Como ya sabéis, a Valentina le preparamos una habitación adaptada tipo «aula Montessori» no hace mucho (podéis verla aquí). Por supuesto, no es un aula Montessori 100%, pues ni tenemos las instalaciones ni los medios ni los conocimientos. Pero se basa en este tipo de pedagogía porque es una metodología que tanto a mi marinovio como a mí nos gusta bastante.

Tenemos materiales Montessori, Waldorf, chinorris y DIY. Cuando muestro a Valentina alguno de los materiales, procuro hacerlo con una presentación típica de las que se hacen en esta metodología. Una veces con más éxito que otras 😉 Pero lo que de verdad estoy aprendiendo con esto es lo que realmente enseña el método Montessori.

Cuando haces una presentación de un material directamente le enseñas al niño a usar ese material y los objetivos que tiene. Por ejemplo, si le enseñas a hacer un trasvase, pues le estás enseñando motricidad fina, concentración… Si le enseñas la torre rosa le estás enseñando las diferencias de peso y volumen de cada cubo… Pero hay algo que de manera indirecta le estás enseñando al niño y que es casi que más importante que todos esos conceptos. Al hacer la presentación, el niño debe esperar a que se haga la presentación de principio a fin, con lo que aprende a ser paciente. Le muestras los materiales con lentitud y cuidado, con lo que aprende a respetarlos. Le muestras cómo cogerlos de su sitio al inicio y volver a ponerlos al final, con lo que le enseñas orden. Le enseñas en silencio, solo con gestos, con lo que le enseñas a hacerse entender incluso sin hablar el mismo idioma. Le dejas tiempo para explorar el material, para tocarlo a su gusto y el tiempo que necesite, con lo que le estás enseñando concentración. Todas estas pequeñas enseñanzas indirectas las interiorizan los niños y, sin darte cuenta, acaban aplicándolas a todos los ámbitos de la vida.

Yo me he dado cuenta con el cambio que ha sufrido Valentina en apenas unas semanas con ese pequeña aula que hemos montado en casa. A los pocos días de empezar a usarla, Valentina empezó a devolver algunos materiales a sus baldas. Ya os he comentado en más de una ocasión que a Valentina le cuesta mucho el tema de recoger materiales o juguetes y, aunque sabemos que es pequeña y nunca la obligamos a hacerlo, sí procuramos que lo vea siempre como una rutina más. No es que en estas semanas Valentina sea ya una niña 100% ordenada, ni mucho menos, pero empieza a hacer sus pinitos.

La paciencia es un cambio que se le nota muchísimo a Valentina. A pesar de que soy consciente de que no hago presentaciones 100% Montessori, entre otras cosas porque no soy ninguna profesional del método, procuro siempre que ella espere a ver la presentación. Y eso me he dado cuenta de que, por ejemplo, cuando cocinamos juntas, ella espera a que estén los alimentos ya cortados del todo antes de cogerlos y meterlos en la olla. Y no se desespera mientras los corto, o si los lavo yo.

La concentración es una de las primeras cosas que empezamos a interiorizar con Valentina, pues yo diría que es prácticamente lo primero que le puedes enseñar desde que es un bebé. Si se quedaba absorta viendo un rayo de luz, o cómo se movía un objeto, la dejábamos tranquila sin interrumpirla ni decirle nada en absoluto. Y eso, con el tiempo, marca mucho la diferencia.

Por supuesto, aún nos queda un muy largo camino de aprendizajes y ensayo-error, más a nosotros como adultos que a ella. Además, con nuestra vida más enfocada al unschooling, no todos los días pasamos por el aula. No seguimos una rutina u horarios estrictos al respecto. Unos días pasamos un rato en esa habitación. Otros nos vamos al mercado a hacer la compra. Otros al parque. Otros a hacer recados al centro. No hay dos días iguales. Pero siempre siempre hay aprendizaje. Es extraordinario ver cómo vamos a la Plaza de Abastos a comprar la fruta y mete las piezas en bolsas, contándolas de una en una. O cómo sabe que hay que dar unas cosas que se llaman monedas para poder llevarnos la comida. O cómo, por ejemplo, el otro día comiendo en el restaurante chino, quería helado de postre y sabía que tenía que pedírselo a un hombre que se paseaba mucho entre las mesas (el camarero). Sabe perfectamente que con el semáforo en rojo no se cruza y con el verde sí (por supuesto, todavía no cruza sola jeje), y que en sitios próximos a la carretera hay que ir de la mano y en sitios más alejados puede ir sola. Da las gracias cuando le das algo sin haberle dicho nosotros nunca eso de «¿qué se dice?» sino simplemente viéndolo cómo lo decimos nosotros…

Los niños de estas edades avanzan rapidísimo y absorben todo lo que les rodea, lo bueno y lo no tan bueno. Por un lado, nos encanta verla crecer y pasar de ser un bebé a ser ya casi una niña. Pero por otro, es que no nos da tiempo a asumirlo. Hace cuatro días que nos daba la primera sorpresa llegando al mundo un mes antes de tiempo, y ahora nos sorprende cada día con sus expresiones, las explicaciones que nos da de todo, lo autónoma que empieza a ser… No hay día que no me acuerde de una de las mejores frases que yo he oído sobre la crianza, dicha por Bei del blog Tigriteando:

«Los días son largos. Los años muy cortos»

Qué espero de una pedagogía activa

Recientemente fuimos a visitar un colegio Montessori con el objetivo de adquirir más información sobre cómo son las instalaciones de un colegio de este tipo y sobre cómo se trabaja en él, para que a través de la asociación en la que participo, Crespillos para la paz, tengamos más conocimiento sobre este tipo de metodología.

Sin embargo, nos llevamos una gran desilusión, no por el colegio en sí, que como instalaciones está bastante bien, sino por cómo nos trató la guía que nos hizo la visita guiada.

Tras hacernos unos 150km para ir a verlo, y debido a que tuvimos algunos problemas durante el camino (algún mareo, madrugón de Valentina y respectivo enfado…) llegamos unos 20′ tarde. No obstante, sólo nos perdimos una pequeña charla introductoria sobre la metodología y al poco de llegar comenzamos la visita por las instalaciones. Se trata de una casa grande adaptada a las necesidades de los niños, con tres aulas por tramo de edad: Comunidad Infantil (18 meses a 3 años), Casa de Niños (3 a 6 años) y Talleres (6 a 12 años) (ya no recuerdo si era hasta los 9 o hasta los 12 años…). Alrededor de toda la casa se encontraba la zona de juego al aire libre, también separada por edades. Como todo colegio Montessori, las aulas estaban perfectamente adaptadas a las edades de los niños, aunque la verdad es que nos dio la sensación de estar algo saturadas de materiales.

Hasta ahí todo bien, típico de un colegio Montessori. Sin embargo, durante la visita hicimos una sola pregunta: «¿Cómo enfocáis el tema de que sean los propios niños los que recojan los materiales que han usado?». Una única pregunta que ya nos hizo confirmar que, aunque tuviéramos la posibilidad económica y de distancia de llevar a nuestra hija a ese colegio, nunca la llevaríamos. Ciertamente, la pregunta la hicimos porque ahora mismo es lo que más nos cuesta con Valentina, el tema de recoger materiales y juguetes. Esperando una respuesta enfocada hacia el respeto a los niños, la guía nos contestó, palabras textuales: «Pues mira bonita, eso se consigue a través de un Máster de 2 años como el que yo he hecho, en el que se produce un cambio importante interior nuestro».

La verdad es que no sé si lo que más me molestó fue lo de «mira bonita» o lo de que «solo se consigue con un Máster de 2 años». Si a eso le añadimos que, mientras veíamos el aula de primaria Valentina tocó la esfera de los sólidos geométricos y se le cayó al suelo, con la respectiva reprimenda de «Por favor, aquí sí que os pido que los niños no toquen los materiales porque igual sólo esa esfera vale 80€», y de que, al finalizar la visita le pedimos poder entrar de nuevo a algún aula para cambiarle el pañal y nos dijo que «no, tenéis que esperar a entrar con el siguiente grupo para volver a realizar la visita desde cero», pues… Sinceramente, vimos mucho material Montessori pero poca pedagogía Montessori.

Cuando nosotros hablamos de pedagogías activas, incluida Montessori, lo que esperamos de ellas es que se trate a los niños con total respeto e individualidad con la que se podría tratar a un adulto. Un niño, de cualquier edad, es un individuo único al que hay que tratar con respeto y la empatía con la que normalmente tratamos a los adultos. Si no le gritas a un adulto, por respeto, ¿por qué gritarle a un niño? Si no tratas que un adulto haga algo que quieres a base de meterle miedo, ¿por qué educar a un niño a través del miedo? Si no crees que haya ningún ser humano por encima de otro, ¿por qué imponer la figura del maestro como una figura autoritaria a la que no se le debe rechistar nada? Si un adulto va al servicio cuando siente la necesidad de ir, ¿por qué hacemos que un niño deba aguantar esa necesidad hasta la hora del recreo? Estas y otras muchas cosas son las que nosotros esperamos de una pedagogía activa. Y, a pesar de la «etiqueta» de este colegio, Montessori, no vimos esa actitud en la persona que nos lo mostró. Si a nosotros, como adultos, nos dio esas contestaciones, ¿qué pasará cuando algún niño de los que estén a su cargo no quiera recoger materiales, o tenga alguna rabieta?

Una pedagogía activa no se hace, se siente. Debe partir de un profundo cambio interior que no te lo va a dar ningún Máster de 2 años, sino de una transformación personal que te haga ver a los niños como lo que son, seres humanos, no como seres inferiores. No importa si eres educador de un colegio público o privado, si tienes materiales de 80€o de los chinos. Eso, al final, solo es juego bonito. Lo fundamental está en la manera de tratar a los niños, de verlos y de sentirlos.