Y llegó la Semana Santa…

…y con ella el nuevo dilema moral sobre si seguir las tradiciones cristianas en las que vivimos o seguir nuestra filosofía “sin religiones”.

No sé si conocéis la Semana Santa de Lorca. Es muy muy distinta a cualquier otra del mundo. Y no lo digo como lorquina enamorada de sus fiestas, que también, sino porque es realmente diferente. Os dejo el enlace a la web oficial de la Semana Santa de Lorca y un increíble vídeo promocional para que veáis de lo que os hablo.

Bueno, a modo de resumen, existen dos cofradías principales en la ciudad: Paso Blanco y Paso Azul. Y una clara rivalidad entre ellas. Para que os hagáis una idea, es algo así como un Madrid – Barça. Y por supuesto, todos los lorquinos desde que nacemos somos “instruidos” en una de las cofradías. Así es como, generación tras generación, se mantiene esta increíble Semana Santa.

En casa yo soy Blanca y mi marinovio Azul, así que cuando fuimos papis tuvimos nuestro pequeño gran dilema 🙂 Yo he participado muchos años en la procesión como portapasos de un trono y muy activamente en el Paso Blanco. Sin embargo su padre, nacido en Cartagena, aunque Azul, no ha vivido tan fervientemente esta devoción por la Semana Santa. Valentina nació unos días antes de Semana Santa y yo, con 14 puntos de la cesárea y con un bebé prematuro en brazos, pues aunque quería que fuera blanca, como que no tenía ni ganas ni fuerzas ese año para pelearme por ello. Pero su padre, viendo el panorama que teníamos en casa, con un bebé de alta demanda que no sabía mamar, una mamá empeñada en dar pecho y llorando por no poder hacerlo, dio su empujoncito y le compró un pañuelo blanco. Así que se quedó como blanca.

Ya sabéis que en casa no somos católicos. Y diréis “sin ser católicos y con tanta pasión por su Semana Santa, algo no cuadra” ¿verdad? Yo, a día de hoy, tampoco me lo explico. Es algo que se nos inculca desde recién nacidos. Todos los lorquinos somos o blancos o azules. Y se convierte en algo totalmente irracional e incomprensible para alguien que no es de Lorca.

Y así ha pasado también con Valentina. Ella es blanca y hacemos muchas actividades con la cofradía. Entre ellas, vestirnos de hebreas el Domingo de Ramos o ver las recogidas de sus banderas. Este año se da más cuenta de las cosas y da mucho gusto ver cómo le brillan los ojos al ver los caballos o las trompetas y tambores (no porque sean de un paso o de otro, de hecho, como que eso le da bastante igual jeje) Pero le gusta la fiesta.

Sin embargo, me lo estoy tomando bastante más relajado de lo que esperaba. Como con tantas cosas, la maternidad me ha cambiado también la forma de ver la Semana Santa. Sí que es verdad que le cantó las canciones del Paso Blanco y le enseño a gritarle los vívares, pero nada de rivalidad entre pasos. Intento seguir con los principios de una crianza respetuosa y le explico cosas de ambos pasos. Hemos visto ambas iglesias, las imágenes religiosas y los bordados. Y ella pregunta mucho “¿Ese quién es?” o “¿Qué es eso?” y nosotros procuramos darle una respuesta adecuada a su edad y respetuosa, sin inculcar rivalidad. Es complicado, porque todo lorquino siente esa rivalidad entre pasos y eso se nota en el ambiente, pero para mí, a día de hoy, y como con tantas otras cosas, las prioridades han cambiado. Y prefiero dedicar mis fuerzas a que no exista en ella rivalidad ni confrontación y sí respeto y empatía. Lo mejor de todo es que hemos coincidido en Lorca con otras familias que comparten nuestro estilo de crianza y que, además, son del paso contrario. Así que aunque entre los adultos sigue habiendo ese “pique”, en nuestros hijos no existe. Sólo hay respeto. Y eso es algo maravilloso.

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2 opiniones en “Y llegó la Semana Santa…”

  1. El pique ya les llegará, creo que eso es inevitable como lorquinos. Aunque un pique sano puede ser muy Montessori (por ejemplo, practican la resolución de conflictos, jeje) Ahora se me saltan las lágrimas cuando Mario le dice a todo el mundo “mi amiga Valentina es blanca y yo la quiero”

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