Lo que de verdad se aprende con el método Montessori

Como ya sabéis, a Valentina le preparamos una habitación adaptada tipo “aula Montessori” no hace mucho (podéis verla aquí). Por supuesto, no es un aula Montessori 100%, pues ni tenemos las instalaciones ni los medios ni los conocimientos. Pero se basa en este tipo de pedagogía porque es una metodología que tanto a mi marinovio como a mí nos gusta bastante.

Tenemos materiales Montessori, Waldorf, chinorris y DIY. Cuando muestro a Valentina alguno de los materiales, procuro hacerlo con una presentación típica de las que se hacen en esta metodología. Una veces con más éxito que otras 😉 Pero lo que de verdad estoy aprendiendo con esto es lo que realmente enseña el método Montessori.

Cuando haces una presentación de un material directamente le enseñas al niño a usar ese material y los objetivos que tiene. Por ejemplo, si le enseñas a hacer un trasvase, pues le estás enseñando motricidad fina, concentración… Si le enseñas la torre rosa le estás enseñando las diferencias de peso y volumen de cada cubo… Pero hay algo que de manera indirecta le estás enseñando al niño y que es casi que más importante que todos esos conceptos. Al hacer la presentación, el niño debe esperar a que se haga la presentación de principio a fin, con lo que aprende a ser paciente. Le muestras los materiales con lentitud y cuidado, con lo que aprende a respetarlos. Le muestras cómo cogerlos de su sitio al inicio y volver a ponerlos al final, con lo que le enseñas orden. Le enseñas en silencio, solo con gestos, con lo que le enseñas a hacerse entender incluso sin hablar el mismo idioma. Le dejas tiempo para explorar el material, para tocarlo a su gusto y el tiempo que necesite, con lo que le estás enseñando concentración. Todas estas pequeñas enseñanzas indirectas las interiorizan los niños y, sin darte cuenta, acaban aplicándolas a todos los ámbitos de la vida.

Yo me he dado cuenta con el cambio que ha sufrido Valentina en apenas unas semanas con ese pequeña aula que hemos montado en casa. A los pocos días de empezar a usarla, Valentina empezó a devolver algunos materiales a sus baldas. Ya os he comentado en más de una ocasión que a Valentina le cuesta mucho el tema de recoger materiales o juguetes y, aunque sabemos que es pequeña y nunca la obligamos a hacerlo, sí procuramos que lo vea siempre como una rutina más. No es que en estas semanas Valentina sea ya una niña 100% ordenada, ni mucho menos, pero empieza a hacer sus pinitos.

La paciencia es un cambio que se le nota muchísimo a Valentina. A pesar de que soy consciente de que no hago presentaciones 100% Montessori, entre otras cosas porque no soy ninguna profesional del método, procuro siempre que ella espere a ver la presentación. Y eso me he dado cuenta de que, por ejemplo, cuando cocinamos juntas, ella espera a que estén los alimentos ya cortados del todo antes de cogerlos y meterlos en la olla. Y no se desespera mientras los corto, o si los lavo yo.

La concentración es una de las primeras cosas que empezamos a interiorizar con Valentina, pues yo diría que es prácticamente lo primero que le puedes enseñar desde que es un bebé. Si se quedaba absorta viendo un rayo de luz, o cómo se movía un objeto, la dejábamos tranquila sin interrumpirla ni decirle nada en absoluto. Y eso, con el tiempo, marca mucho la diferencia.

Por supuesto, aún nos queda un muy largo camino de aprendizajes y ensayo-error, más a nosotros como adultos que a ella. Además, con nuestra vida más enfocada al unschooling, no todos los días pasamos por el aula. No seguimos una rutina u horarios estrictos al respecto. Unos días pasamos un rato en esa habitación. Otros nos vamos al mercado a hacer la compra. Otros al parque. Otros a hacer recados al centro. No hay dos días iguales. Pero siempre siempre hay aprendizaje. Es extraordinario ver cómo vamos a la Plaza de Abastos a comprar la fruta y mete las piezas en bolsas, contándolas de una en una. O cómo sabe que hay que dar unas cosas que se llaman monedas para poder llevarnos la comida. O cómo, por ejemplo, el otro día comiendo en el restaurante chino, quería helado de postre y sabía que tenía que pedírselo a un hombre que se paseaba mucho entre las mesas (el camarero). Sabe perfectamente que con el semáforo en rojo no se cruza y con el verde sí (por supuesto, todavía no cruza sola jeje), y que en sitios próximos a la carretera hay que ir de la mano y en sitios más alejados puede ir sola. Da las gracias cuando le das algo sin haberle dicho nosotros nunca eso de “¿qué se dice?” sino simplemente viéndolo cómo lo decimos nosotros…

Los niños de estas edades avanzan rapidísimo y absorben todo lo que les rodea, lo bueno y lo no tan bueno. Por un lado, nos encanta verla crecer y pasar de ser un bebé a ser ya casi una niña. Pero por otro, es que no nos da tiempo a asumirlo. Hace cuatro días que nos daba la primera sorpresa llegando al mundo un mes antes de tiempo, y ahora nos sorprende cada día con sus expresiones, las explicaciones que nos da de todo, lo autónoma que empieza a ser… No hay día que no me acuerde de una de las mejores frases que yo he oído sobre la crianza, dicha por Bei del blog Tigriteando:

“Los días son largos. Los años muy cortos”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *