Cuando ser mamá las 24 horas no es color de rosa

Hay días y días.

Hay días en que Valentina es un sol. Y lo cierto es que son la mayoría de días. Pero Valentina es una niña de alta demanda. Para quien no lo sepa, los niños de alta demanda son aquellos que precisan de la atención de sus padres o cuidadores al 100%, hipersensibles, lloran con facilidad… Son muy intensos: todo lo que hacen o dejan de hacer lo viven de una manera muy exagerada. Si lloran, lloran mucho. Si ríen, ríen a carcajadas. Suelen ser hiperactivos y muy absorbentes. Demandad brazos, cariño, consuelo y juego continuamente. Y en cuanto a la lactancia, suelen pedir pecho muy de continuo. A los padres de niños de alta demanda no les queda más remedio que armarse de paciencia.

Valentina cumple todos estos requisitos en mayor o menor medida. En general, no es una niña especialmente hiperactiva, más bien es una niña muy tranquila, con la que podemos salir a cualquier lado, ir a restaurantes, pasear… Pero necesita de sus padres, de sus brazos, juegos y mimos constantemente. Sigue con lactancia natural y, aunque ya pide menos, sí que cuando era más bebé llegaba a demandar pecho cada 20 minutos, fuera de día o de noche…

Cuando estamos mi pareja y yo, pues nos podemos medio turnar. Normalmente cuando está su padre quiere estar siempre con él (menos las noches, que entonces su padre desaparece de la faz de la tierra y se pega a mí como si no hubiera un mañana). También creo que es una situación normal. A mí ahora me ve las 24 horas del día, mientras que a su padre solo el rato de la comida y la cena. Y cuando llega el fin de semana digamos que intenta recuperar el tiempo perdido con él.

Hoy ha sido uno de esos días complicados. Nuestro día ha sido un día digamos de los normales: nos hemos levantado entre besos, abrazos y risas (eso es una de las cosas que más me gusta de estar parada), hemos desayunado bien y luego, como solemos hacer, nos hemos ido a su habitación para que Valentina jugara. Digo “hemos ido” porque en esta casa no existe la opción de “Valentina se ha ido a su habitación a jugar sola”. Ella tiene que estar siempre en la misma habitación donde estemos nosotros, así que yo ya he asumido que me tengo que ir a su cuarto si no quiero tener los juguetes por toda la casa.

Normalmente me siento en una silla y veo como juega, sin participar mucho. Pero ella siempre quiere que esté pegada a ella. Si quiere jugar con un juguete que está en el otro lado del cuarto (estoy hablando de una habitación de 10m2, no de chalet al estilo Preysler) empieza a gritar “jugaaaaaaaaaar jugaaaaaaaaaar” o “alliiiiiiiiiiiii alliiiiiiiiiiiiiiiii” y, o vas, o llora. A veces llora más, a veces llora menos… Pero renegar siempre reniega. Y hoy, particularmente, ha sido de los días de llorar más. Quería jugar con una casita de muñecas de madera que tenemos (la que saca Lidl todos los años) que estaba como a unos 30cm de donde yo estaba sentada. Pues no, tenía que estar yo pegada a la casita. Se me ha ocurrido la idea de, mientras jugaba, pues leer yo un libro de los que tengo a medias. Pues no, tampoco valía. tengo que estar mirándola, sin poder hacer yo otra cosa.

Bueno… Aguantamos el rato de juegos. A media mañana o así ha llegado el repartidor de Correos con un pedido que hice en AliExpress. He comprado unas tarjetas de visita de madera para hacer la caja de color número 1 de Montessori (ya la hice con papel de 80gr y goma EVA pero no han aguantado demasiado…). Le pregunto a Valentina: “cielo, ¿quieres que salgamos a la calle a jugar o nos quedamos pintando?”. Ha preferido pintar. Preparo la mesa de la cocina con papel para que no manche, con las pinturas repartidas en hueveras para que ella las vaya cogiendo, un pincel para ella, otro para mí, una lámina de cartulina blanca para ella, las tarjetas de madera para mí. Y allá que vamos.

El rato de pintura sin llantos ha sido alrededor de unos 15 minutos, rato que yo he aprovechado para pintar las tarjetas como un rayo… Pasado ese tiempo, ya no quería estar allí, quería que la cogiera, me ha pintado el pelo, el pijama, el suelo… En fin, cosas que pasan cuando se pinta. Ya cuando la bajo y me pongo a lavarle las manos y la cara (porque últimamente también le gusta pintarse hasta los dientes) se ha puesto a llorar, no le cuadraba nada y yo cada vez más nerviosa.

Me pide que le ponga Caillou. Se lo pongo en la televisión y pienso “voy a aprovechar para hacer la comida”. Error. En cuanto he salido del salón se ha venido detrás, se ha enganchado a mi pierna y otra vez a llorar. Y ya viendo que hoy no iba ni a comer, pues lo he dejado, me he ido al salón con ella y como he podido le he mandado un mensaje a su padre diciéndole que si quería comer, o traía comida de fuera o nos íbamos a una bocatería que hay cerca de casa. Y así hemos hecho. Hemos salido. La niña ha desfogado, su padre me ha echado un cable y yo me he podido tranquilizar.

Sí que es cierto que hoy he sabido aguantar el tipo, no gritarle ni enfadarme con ella. Pero hay días que eso se hace complicado y al final acabamos las dos llorando. Estar las 24 horas del día con niños es muy complicado, incluso cuando son tuyos. Quiero pensar (y estoy segura de que es así) que es una etapa más, que más pronto que tarde empezará a ser más independiente, a poder estar en un cuarto sola sin necesidad de estar agarrada a mi pierna (o a mi pecho), y que recordaré estos días incluso con nostalgia.

Ser madre es muy difícil. Ser madre es muy agotador. Y además ser madre te convierte en la persona más criticada del planeta (disonancia cognitiva, post pendiente). Pero luego la miras, como está ahora mismo, tranquila y serena, durmiendo, o te echa una sonrisa y una mirada tan sincera y profunda, llena de amor, que se te olvida todo. Todo. Entonces es cuando ser madre se convierte en lo mejor que has hecho en tu vida y ya no puedes entender cómo has podido vivir tantos años sin esa personita que te permitió durante 9 meses (8 en mi caso) tener dos corazones latiendo dentro de tí.

POSDATA: la caja de color número 1 la he hecho siguiendo el DIY de Bei, de Trigiteando. Podéis verlo aquí. Os dejo algunas fotos del proceso y cómo han quedado:

Tal y como llega el paquete
Puedes comprarlas aquí
Proceso y resultado final

4 opiniones en “Cuando ser mamá las 24 horas no es color de rosa”

  1. Jolines Iria, me he emocionado…¡¡Qué grande!! LLegará el día en que no querrán ni que los toquemos…tiemblo al pensarlo

  2. Pareces describir mi situación. Mi niña tb es ad, a diferencia q no podíamos pasear ni sentarnos en un bar ni nada… ni ir en coche ni en carrito… no duerme nada durante el día desde q nacio y así sigue a día de hoy con 26 meses. X la noche se despierta cada 2×3. No me hace más de 2h del tiron… reniega X todo. Busca siempre contacto, no le gusta estar sola.. necesita mucha atención. … etc etc etc.. y es muy dificil a veces contenerse aunq me voy superando… cada vez pierdo menos los papeles…. menuda paciencia me estoy trabajando!! Animooo

    1. Uffff… es muy duro. La verdad que no queda otra que armarse de paciencia, aunque hay días que esa paciencia se agota, y eso normal.

      Tampoco creo que debamos fustigarnos mucho por eso. Somos humanas, no superhéroes…

      Mucho ánimo Encarna!

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