Bienvenida y por qués

¡Hola! Mi nombre es Iria y soy la mamá de una niña preciosa de 21 meses llamada Valentina. Nos conocimos un 20 de Marzo de 2015, prácticamente por sorpresa, puesto que la esperábamos para el 19 de Abril. Fue amor a primera vista. ¿Quién no ha sentido algo así al conocer a sus propios hijos?

¿Cuántas cosas te dicen o te advierten cuando vas a ser madre/padre? Uff…. Lo que no te dicen en cuánto puedes llegar a aprender de tus hijos. Lo que nos enseñan. Cuántos “yo creí qué…” y cuántos “yo nunca…” te acabas comiendo con patatas…

Yo creí que sería bueno que mi hija, al terminar la baja por maternidad, que fuera a la guardería. Aprendería cosas, se inmunizaría… He de decir que nosotros hicimos la matrícula en una guarde que nos gustaba antes de que naciera. Cuándo llegó el día de llevarla a la guarde nos dio tanta pena que al final decidimos, por lo menos el primer año, que se quedara con su abuela mientras sus papis trabajaban.

Claro que una pena horrible es la que sientes cuando, con tan solo 16 semanas de vida, te dicen que tu hijo ya es suficientemente grande como para no necesitar a su madre… Y te incorporas al trabajo. Los compis te saludan, se alegran de verte, y las mamis del trabajo te miran y te dicen “hoy no es tu mejor día ¿verdad?”

La lactancia, que yo tenía muy muy claro que quería para mi hija desde mucho antes de que naciera, se hace durísima. Primero, al ser prematura no sabía mamar, por lo que tuvimos que darle lactancia mixta con dedo-jeringa. Primera patata para mí (yo nunca le iba a dar biberón). Después toca incorporarse al trabajo y, aún siguiendo con mixta, empiezas a usar el sacaleches, con la intención de reducir dosis de artificial para darle solo natural. Maldito sacaleches, que mal nos llevamos. Apenas sacaba, y cada día mi hija quería más, y el sacaleches no sacaba la suficiente…

En tu corazón sabes que lo que hace falta es que estés con ella, las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Sabes que lo que ambas necesitáis es estar juntas. Pero… hay que trabajar.

Mis prioridades cambian por completo, y un trabajo que antes me apasionaba, pasa a un segundo (o tercer, o cuarto…) plano. Sólo quieres estar con la peque.

Empiezas a leer sobre crianza con apego. Lo que tu corazón te están diciendo a gritos tiene nombre. No eres la única que se siente así. Y lees. Y lees más…

Un día, en la oficina, una compañera habla de posibles colegios para su hijo. Y se menciona la palabra Montessori. – ¿Qué es eso? – Una pedagogía que respeta los ritmos de los niños, los dejan aprender solos – Ale, libre albedrío, que aprendan, y si no, que no aprendan…. Pobre ignorancia la mía (a esto se le llama Disonancia Cognitiva, y le dedicaré un post más extenso)

Me pica la curiosidad y empiezo a leer, y a leer más y más. Descubro varios blogs, hago cursos online y me empapo de, no una pedagogía, sino de una filosofía de vida. Vaya. Algo que siempre has sabido, el fracaso de la educación tradicional. Y algo que sabrías que no querrías para tus hijos. Y vuelve a tener un nombre. Y no eres la única que cree que hay más opciones. Y devoras libros y post y ves documentales sobre pedagogías alternativas, educación activa… Y te encanta.

Bueno, y en Lorca ¿hay algo relacionado con Montessori o educación activa? Nada. Ni una guarde, ni ludoteca, ni mucho menos colegios…

Y vuelve a llegar el día de llevar a Valentina a la guardería. Piensas: bueno, que vaya dos o tres horitas, que juegue con niños, le vendrá bien. Y coges días de vacaciones para hacer el periodo de adaptación. Pero oh! en esa guarde con más de 30 años de experiencia que creías que sería buena para tu hija no hay periodo de adaptación. Bueno, realmente sí hay. Ellos llaman periodo de adaptación a dejar pocas horas los primeros días a la niña. Hoy una horita, mañana hora y media, y así poco a poco hasta completar las horas contratadas. Día 0, minuto 0. Entramos a la guardería y Valentina se agarra a mi pierna. No quiere estar allí. Algo se huele. Y yo, con el corazón roto, empiezo a llorar. Pero bueno, todo el mundo te dice que es lo mejor para ella, que es normal que llore, que tiene que llorar, que no pasa nada si los niños lloran. Y mi corazón diciendo que eso no está bien, que Valentina está sufriendo. Y mi cabeza diciendo que es normal, que no le pasa nada, que le vendrá bien… Le pedimos a la guarde entrar con ella a la clase, quedarnos un rato, hasta que ella vea que es un sitio seguro. Pero no nos dejan. Sus 30 años de experiencia nos aconsejan que lo mejor es dejarla atada a la silleta y dársela a ellas lo más rápido posible, y que salgamos sin despedirnos… Al tercer día de llantos al entrar, al salir, y durante las horas que pasaba allí, decidimos sacarla y que volviera con su abuela.

Es sorprendente ver como hay gente que trabaja igual ahora que hace 30 años. Si yo hiciera eso, no tendría trabajo. Seguro.

Aún estando con su abuela, sabiendo que estaba bien, yo sabía que ella con quien mejor estaba era conmigo. Pero… hay que trabajar.

La empresa donde trabajo empieza a fallar en los pagos. Algo va mal. Compañeros de otras áreas dejan de cobrar nóminas. Y un día te llega a ti el turno. “No podemos pagar las nóminas. Vamos a hacer un ERE por cese de actividad”. Vaya putada ¿verdad? Te vas a un abogado, te informas de qué puedes hacer y qué no, y tomas una decisión. Algunos compañeros tienen serios problemas para pagar alquileres, hipotecas… Y bueno, tu sobrevives tirando de ahorros, que sabes que un día (más pronto que tarde) se van a acabar. Y llega el día en que por fin te despiden y puedes cobrar el paro. Menos mal, algo de dinero va a entrar en casa.

Y ahí es cuando yo veo una auténtica ventana abierta. Por fin puedo estar con mi hija todo el tiempo que yo quería. Puedo aplicar más Montessori con ella, puedo hacer muchas cosas de estimulación, puedo levantarme por la mañana dándole besos y abrazos sin prisa ninguna…

Y empiezo a informarme sobre homeschooling (o unschooling más bien). Algo que ahora puedo hacer con ella por fin.

Y me digo a mí misma: “en Lorca no hay nada al respecto. ¿Por qué no montar una asociación?” Me muevo y conozco más gente interesada, con la que creamos la asociación “Crespillos para la Paz”.

Pero no es suficiente. Siento la necesidad de compartir todas mis experiencias, mis dudas, mis inquietudes… y recopilarlas para que la gente pueda ver que hay muchas formas de criar a un hijo. Sólo hay que quererlo de verdad, querer cambiar las cosas.

Y, así, llegamos a este blog. En él compartiré mi día a día, cómo nos organizamos, qué hacemos, qué alternativas hay… Y quizás alguien llegue a este blog y también vea que lo que siempre le ha dicho su corazón tiene nombre. Y que no están solos.

Espero poder ayudar a toda esa gente.

Empezamos

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